Tema trillado: las mujeres no nos llevamos bien. En las conversaciones abundan frases como “son muy egoístas y envidiosas” o “aprovechan cada oportunidad para hablar mal entre ellas” y – la mejor de todas – “¿tener una jefe mujer? no, gracias!”
Antes de empezar, tengo que aclarar que no me criaron en perspectivas de género, tampoco soy feminista y sé muy poco del tema, por lo que el objetivo de este post no será ese. Lo único que tengo que decir a mi favor es que toda la vida quise ser de esas mujeres independientes y arriesgadas, con maletín en mano y vistiéndome elegante (sí, así me veía de chiquita) que cuando hablara, la gente me pusiera atención.
Además, mi familia la rige un matriarcado, fui a un colegio de niñas, estudié una carrera que en Bogotá es prácticamente femenina y trabajo en una agencia donde la minoría son hombres. Irónicamente, tengo pocas amigas –contando a mis dos hermanas, que son la mejor compañía-
Cuentas más, cuentas menos, por mi vida han pasado 1,000 mujeres que probablemente tengan los mismos sueños que yo y de las que, debo confesar, en algún momento no he hablado bien de ellas – y seguro ellas de mí, tampoco- por diferentes razones. (¿Vale la pena mencionarlo? Todos saben a que me refiero)
Paranoia, fina atención a los detalles… Nosotras sabemos como llegar a un punto y decir lo que queremos sin siquiera mencionar una palabra. Y como lo hacemos, cuando alguien más concibe un gesto o voltea la cara, asumimos que tiene cierta intención. A partir de ese punto se arma la de Troya. Cada comentario que aparezca de ahí en adelante reforzará lo que pensamos “quiso decir”.
Podría casarme con la idea de que definitivamente es mejor tener amigos hombres y que las mujeres no somos capaces de ser amigas entre nosotras, pero estaría dejando de lado a cierta parte de mi convivencia que, en días como hoy, agradezco que estén cerca. También negaría el hecho de querer ser un día jefa de alguien, con el deseo de que pueda juzgarme como persona y no como mujer. Por último, obviaría la amistad con mis hermanas, que son más cercanas que cualquiera, y con las que he construido un vínculo inquebrantable.
Entonces sí, me resisto a pensar que no podamos ser amigas, tratarnos bien, decirnos las cosas de frente y sin herirnos, perdonar y seguir adelante, pasar por alto la mala decisión en el vestuario y los kilos que eventualmente ganaremos – o perderemos en dado caso (y que Dios me oiga!).
¿Qué tal si hacemos una anotación personal-mujeres que me leen- de crear un vínculo mejor con las que tenemos alrededor? A mi no me queda de otra…