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[Inserte aquí su historia de amor]

In Cuentos de otros on 28 septiembre 2011 at 5:56 am

No hay nada más fascinante que contar una historia de amor, así sea la de alguien más.

Los que pasan por acá se habrán dado cuenta que hay una categoría que se llama Cuentos de otros, donde pretendo -o por lo menos,  intento- agrupar todas las historias de amor reales que me sé. La idea es que no vivamos únicamente del romanticismo de las películas domingueras, sino que estas historias  nos confirmen la posibilidad de enamorarnos por lo menos una vez en la vida, sin el recurso de la protagonista estilo Cenicienta (aplica para los hombres, igualmente) tan usado en el tiempo. La explicación, para no repetirla, la pueden encontrar aquí.

Pues bien, esta categoría ha permanecido abandonada por algunos meses, porque no he encontrado historias con el permiso de contar. En mi opinión, quién encuentra el amor verdadero (que no es igual al eterno y con el que al final se casan) debería tener la obligación de compartirlo con los demás, en agradecimiento a la causalidad de la que fue parte; ¿Saben lo dificil que es encontrar a alguien así? ¿La probabilidad de toparse en el momento indicado? Nada en el mundo es gratis y son pocas las veces que se paga un precio justo. Así que acá pueden encontrar una ventana para pagar su peaje: si tienen una historia inspiradora, que crean que el mundo (de Luciana) deba saber por lo especial que es o fue, escríbanme a lucreciaser@hotmail.com -

La idea es que nos podamos sentar a conversar un rato, así que sólo es necesario que me cuenten un resumen en el correo, para que después la desarrollemos juntos. Toda confidencialidad será guardada y los nombres, cambiados, si eso se requiere.

Estaré esperando sus historias.

En un ir y venir supe…

In Así supe... on 26 septiembre 2011 at 9:35 pm

Que las verdades reveladas se construyen con el tiempo, pero se hacen presentes y visibles como un rayo, así en sacudida y de repente. Que tenemos la opción de abrir los oidos y escucharlas o hacer caso omiso, hasta que un día el movimiento sea tan fuerte que lo sientas como un “te lo dije” y tengas la necesidad de reaccionar, porque inevitablemente ya perdiste cualquier otra opción.

Además, que perseguimos la felicidad como si fueramos caballos detrás de una zanahoria, cuando ésta sólo llega en momentos de plenitud, atraída cuando somos quienes queremos.

Lo escribo para no olvidarlo y para que, pasado mi cumpleaños, pueda desarrollar estas ideas con alguna que otra historia.

Cuando puedes.

In El cuarto de San Alejo on 22 septiembre 2011 at 4:21 am

La mitología y los cuentos infantiles están llenos de situaciones en las que el/la protagonista puede llegar a ser o tener todo lo que quiere, sin ningún tipo de restricción o prueba. Me refiero a historias como las de Aladino y la lámpara mágica (pide tres deseos y se te concederán) o al Rey Midas y el oro; que mágicamente -valga la intención- desatan conversaciones triviales sobre qué pediríamos si estuviéramos en su lugar. El típico what if…

No quiero sonar como un libro de autoayuda, por lo que dejaré de lado el hecho de las consecuencias de estos personajes y me enfocaré únicamente en el deseo: ¿Qué serías si pudieras? Si esta pregunta te remite específicamente a una profesión (de chiquita quería ser profesora), adelántate unos años y piensa en el ahora. Si todo se te fuera otorgado, ¿Qué clase de persona serías?

Tengo que confesar que si tuviera algunos -muchos- kilos menos encima en este cuerpo, mi gusto no sería el mismo. Las faldas serían cortísimas y estoy segura que mi estilo podría rayar en la desfachatez. De la moda, lo que acomoda, y por ahora lo clásico casa bien. Lo curioso es que cuando veo a una mujer con ese vestido -que probablemente me pondría de ser quién pudiera ser- lo primero que me sale es una crítica. ¡Yo podría ser ella, caminando por la calle, como si nada importara! Sólo que no lo soy y pienso que  mi estilo conservador se debe al buen gusto, al “me educaron bien” y no a las circunstancias. Entonces, ¿sería igual si lo tuviera todo?

Dejo de lado el tema del peso, porque es una opción: ejercicio + dieta + cambio en el estilo de vida + dormir (etc etc etc) y llego a la meta. Listo. ¿Qué pasa cuando hay otros elementos con más rango de acción como el poder? Entonces llega la famosa frase, “el poder, ¿para qué?” Pues para poder, responderían muchos. Y sí, para ser aquel que en el fondo muere por salir y mostrarse. ¿Quién dice que seríamos políticos honestos, cadeneros sin una necesidad infinita porque nos rueguen en la puerta, líderes justos, jefes comprensivos o ricos generosos? En teoría, todos diríamos que sí, porque es lo que debemos decir. En la práctica, pienso que el poder es el catalizador de lo que verdaderamente somos, queremos y sentimos y que en el momento en que tengamos la posibilidad, mostraremos de lo que estamos hechos.

Si son generosos con lo que tienen, justos en medida, comprensivos con los demás y no tienen necesidad de marcar su territorio engreidamente, dense por bien servidos. Cruzaré los dedos para que alguno de ustedes sea el que se encuentre la lámpara mágica y evite la pesadilla de que alguien más sea quien quiso, haciendo que los demás pagaran las consecuencias.

El que mató al gato…

In Anotaciones personales on 7 septiembre 2011 at 3:59 am

Fue la curiosidad. La verdad es que en este mundo conectado, no se necesita ser un gran espía para conocer el lugar, compañía, pensamientos, deseos, pecados y virtudes de cualquier persona.  Unas cuantas palabras en google te llevan a cualquier parte. Muchas veces, a un estado en el que ni sabes por qué entraste.

Aceptémoslo, satisfacer la necesidad de información es una opción tanto como tener la curiosidad. Y no me refiero a temas educativos y/o laborales, donde claramente es una virtud que debemos aprovechar y motivar. Hablo de ese tipo de datos de los que nos han dicho mil veces que no debemos enterarnos.

Ahí vamos, 1. Hacemos una pregunta estúpida en tiempos de ocio; 2. Decidimos investigar para salir de la duda y 3. Confirmamos lo que, obviamente, ya presentíamos; por que si no, ¿De dónde rayos salió la pregunta en primera instancia?

Conocer el sueldo de otro me ennegreció el buen genio por unos meses, después de perderle la admiración al criterio de su jefe; saber con quién anda alguno de mis exs me convirtió en una mujer que duda de quién soy y cómo me veo;  enterarme de los secretos de alguien más, me hizo pensar que tenía el derecho a opinar de su vida.

¿Y para qué? Nos engañamos diciendo que satisfacer la curiosidad da tranquilidad eventualmente. Sabemos desde el principio que es sólo una justificación para seguir controlando lo que, creemos, tenemos por derecho y/o antigüedad: la información de algo (o alguien más) que sentimos cerca y que por cualquier razón nos negó la autorización a conocer ciertos detalles. ¡Entendible! Nadie comparte todo lo que sabe, tiene y ha vivido, ni siquiera los curiosos. Pero eso no nos importa, porque una vez le das espacio a la curiosidad, se apoltrona en un sofa -como un gato dueño de casa- y exige demandas, que por lo general estás dispuesto a satisfacer. Es fácil. Todos tenemos un computador a la mano. La gente cada vez más deja – voluntariamente- “migas de pan” que hacen del tracking el pan nuestro de cada día.

Entonces, antes de pensar en averiguar ciertos detalles, para en seco. Pregunta si el costo emocional valdrá la pena. Cuestiona si puedes vivir sin esa respuesta. Repite que sabio es quien aprende de la experiencia ajena y evita a toda costa que tu alma se pierda en un laberinto de preguntas incesantes que no te dejen avanzar.

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