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Antes del 18 supe…

In Así supe... on 15 mayo 2012 at 11:23 pm

Que el olvido no discrimina. Una vez decides sacar a alguien de la cabeza, es posible que se vaya con un poco de tu atención hacia los detalles más triviales -llevar dos zapatos diferentes sin darte cuenta o perder las llaves. El lado interesante es que, si te permites no luchar contra eso, su presencia diaria y constante acaba por difuminarse.

También supe que hay una receta para acelerar el olvido y coser un corazón roto: basta con ir a dos conciertos donde puedas cantar con emoción lo que estás sintiendo; un fin de semana sin hablar para asimilar el dolor con todas sus aristas y, por último, un alma caritativa que escuche una y otra vez, sin juzgar, las miles de razones por las que esa historia no tuvo un final feliz.

Esta es una despedida

In Del amor y otros demonios on 6 mayo 2012 at 2:06 am

Querido,

Es hora. Tengo que decirte adios por mi propio bien. Ya conozco las consecuencias de no cerrar los ciclos adecuadamente y de todo el peso que genera no hacerlo en el momento correcto.

Llevo unos cuantos días manteniéndome ocupada tratando de no pensarte; actuando como la mujer madura y racional que creo que soy. ¡Y eso no sirvió pa’ nada! Porque aquí estoy, escribiéndote como la única via que encuentro para empezar el duelo y evitar que el dolor se convierta en sufrimiento.

Es probable que nunca leas esto y no me importa; demasiadas cosas por hacer, viajes pendientes, gente que necesita de tu atención, lo de siempre. Igual, tengo que darte las gracias por vivir un término de vida conmigo y acompañarme en este último set de cambios. Me divertí muchísimo, debo decírtelo y ponerle un poco de drama a esto hizo de nuestra historia la telenovela perfecta – colombiana eso sí; en las mexicanas, la protagonista siempre llora mucho, va maquillada y termina bien. Nada relacionado con lo que nosotros tendríamos por contar; sobre todo por lo freaky (¿fue la palabra que usaste?) del final. (¿Qué pretendías? No podíamos escoger nada tradicional si nunca lo fuimos. Es más, la teoría nos dejó claro que nunca debimos ser…).

Espero no haberte hecho daño; sé que la decisión fue precipitada y un poco absurda, pero conoces las razones por las que de ninguna manera esto habría funcionado. Lidiar con tu vida frenética era fácil; lo complicado fue entender que no te enamorarías de mí, así yo fuera perfecta para ti.

Es curioso. Siempre criticaste la responsabilidad que le daba a mi cabeza, “no puedes dejarle todas las resoluciones de la vida, cielo; un día esa inteligencia en la que tanto confías te va a traicionar”. Lo que nunca supusiste es que te haría caso, al tomar esta decisión por el sólo hecho de sentir que algo no estaba bien. Lo hice por ese dolor frecuente que se acumula entre las costillas y molesta, todos los días un poquito más.

Ahora no sé que siento, extrañarte me duele un poco. La cabeza, protegiéndome, te cita repitiendo que sólo habrá finales alternativos a lo que no me gusta, si busco lo que realmente quiero. Mi cabeza… ¿ves por qué sí puedo confiar en ella?

Así que hasta acá llegamos.

Enamórate de una colombiana, si eso es lo que quieres, y hazlo en serio. La vida es muy larga como para vivirla solo.

Un último beso,

Luciana de Cielo.

Lo que sirva y no estorbe.

In Anotaciones personales on 17 abril 2012 at 11:08 pm

Estoy viviendo un momento complicado en el que las cosas, a) están dañadas y no hay cómo arreglarlas, b) no sirven  y estorban, c) funcionan a medias y con demasiado esfuerzo, o d) probablemente todas las anteriores en diferentes etapas.

Hoy hablaba con alguien en otro contexto que decía que “estamos en una crisis general en la que le dimos demasiada importancia a lo que no tenía; generando expectativas irreales de los resultados”. Ella se refería a la industria, a mí me sonó que hablaba de mi vida. Terminó su pequeña intervención afirmando que por eso escribía todo lo que no le parecía bien -y que la cuestionaba fuertemente- para no acostumbrarse a ver las cosas en este estado. “No se me puede olvidar cómo pensaba antes, cuando no estaba sesgada. Siento que si vuelvo a estas anotaciones en algunos días, ratificaré mi forma de pensar”. 

Así que, en honor de esta corta conversación de hoy y para recordar lo que sí está bien, sirve, no estorba y sólo requiere el esfuerzo debido para ser útil, les dejo mi lista de lo que debería ser siempre porque lo he visto funcionar antes:

  • Los tratos, acuerdos y alianzas que se hacen con la idea de beneficiar una causa loable y mayor que el ego de algunos pocos.
  • El trabajo honesto del que no se sienta en la silla a esperar un pago.
  • Comprometerse con el otro, sólo por el cariño y/o respeto que le tiene.
  • Amar a esa persona y decírselo todos los días. Dejar de hacerlo en el momento en que ese amor se acaba.
  • Confiar en la experiencia y ser lo suficientemente flexible y abierto para dejar que otros aprendizajes lleguen.

Esto es sólo por hoy, quién saber que otra cosa pueda agregar a la lista mañana.

Fatum, Ananké o Moira.

In El cuarto de San Alejo on 3 abril 2012 at 5:53 am

Hablar sobre el destino siempre es complicado: mi educación católica se contrapone al hecho de creer en lecturas de manos, tarot, cartas astrales, signos; de vivir entre el pensar que todo lo que pasa debe ser lógico y sentir que hay algo más allá que debo alcanzar sólo por el hecho de estar viva.

Pues bien; balanceándome entre dualidades -algo a lo que me he acostumbrado-, descubrí que verbalizando mis preguntas frente a personas con diferentes  bagajes y creencias, podría encontrar una respuesta que no sólo me convenciera sino que también me dejara tranquila.

Así que si me preguntan por el destino, esto es lo que creo:

Todos nacimos con una misión en la vida, que alimenta la gran misión que tenemos como sociedad. No se crea por azar ni tampoco surge de la nada; responde a una evolución del ¿alma? (no sé si deba llamarse así, pero no tengo otra palabra). Todo tiene una causa, y si así es, estaba predestinada a existir desde el momento en que la causa surgió. 

Pienso en este momento en cualquier suceso importante de mi vida y todo lo que la precedió. Podría haber obrado diferente; podría pensar en cualquier cantidad de suposiciones sobre las miles de opciones que tenía. Pero la verdad es que no sucedieron, son sólo ilusiones.  La decisión que tomé me llevó hasta donde estoy ahora por una de los tantas vías que hubieran podido ser.   

Volviendo a la misión: estoy segura que “todos los caminos conducen a Roma” y creo que lo que hacemos nos lleva a cumplir esta misión como destino. El libre albedrío llega para darnos la libertad de escoger como vivir ese camino. Podemos luchar contra él, ignorar lo que debemos hacer, perder el tiempo, hacernos los sordos o aceptar y entender que en este espacio de tiempo – que es nuestra vida – tenemos la oportunidad de ser felices como opción y disfrutar el andar. De todas maneras, si no lo hacemos, llegaremos al mismo punto tarde o temprano. La diferencia está en el tiempo que te tardas, la calidad del sendero, la lucha lógica que te impide sentir lo que sucede alrededor. Es como ir de un punto A al B en línea recta o tomar todos los recovecos posibles.

Ahora, sobre el “disfrutar el camino”, me refiero a vivirlo con intensidad, pase lo que pase, como lo hacemos cuando vemos o leemos una historia. Si pensáramos que, como protagonistas, debemos pasar por ciertas etapas (prohibición, transgresión, complicidad, mediación, aceptación, pruebas, luchas etc.) para alcanzar lo que queremos, podríamos sentir plenamente y con mayor conciencia el dolor, la tristeza, la alegría, el desengaño, la caridad, la empatía etc., como parte de un proceso. Entenderlo y vivirlo me hace feliz, me hace sentir viva y con sentido. 

Es posible que haya muchas inconsistencias o áreas grises sin explicación en esto que acabo de decir y la lista de “conceptos” que debo aterrizar en esta idea todavía es muy grande. No puedo pensar que ya haya descubierto (¿mi?) la verdad sobre todas las cosas; sin embargo, es lo que pasa hoy en mi vida y me gusta saber que es esto en lo que creo.

Love, Live, Laugh

In These are a few of my favorite things on 22 marzo 2012 at 7:31 am

Las palabras que más me gustan empiezan con L:

Luciérnaga, luna, laberinto, lágrima, lagartija, ladronzuelo, lamparero, lánguida, lavanda, lechuga, lento, letargo, legendario, leyenda, librería, libertad, lingüístico, linóleo, lírico, litúrgico, Lucerna, lustro, lunareja.  

Dejando de lado su significado, me atraen por el sonido que producen sin esfuerzo al inicio. La “L”  - intenta decirlo lento y en voz alta- es de esas letras que exigen que la lengua roce levemente ese punto entre los dientes superiores y el paladar, sin necesidad de ser explosiva como la “T” (Intentando describir ese movimiento, supe un día que a esas consonantes se les llama laterales y/o alveolares). Además, es tímida; no recae en ella toda la atención y fácilmente podría confundirse con algunas otras del abecedario. A pesar de eso, hace posible cosas increibles, como dejarnos cantar cuando no sabemos la letra de una canción o, al repetirla, darnos una resonancia particular: cuando digo “lluvia” (y no <yuvia>) pienso en chocolate derretido esparcido en una mesa de mármol; brillante, liso, cremoso al punto.

Vuelvo al espejo y repito las palabras que me gustan; de nuevo bloqueo la imperiosa necesidad de la semántica e intento desmenuzar cada una a través únicamente del sonido que producen y la sensación que generan. Después pronuncio las formas varias como me llama la gente (todas empiezan con “L”), disfrutándolo. Es ahí cuando me doy cuenta que hay placeres sencillos en la vida como gozar la única palabra de la que no te puedes cansar y reconocer en ella la identidad de tu propio nombre.

Un día a la vez

In Anotaciones personales on 2 febrero 2012 at 2:16 am

Frustración. 
Tolerancia a la frustración. 
Paciencia para alcanzar la tolerancia a la frustración.
Tiempo.
Conciencia del tiempo.
Espacio donde quepa la conciencia del tiempo.
Criterio.
Criterio para saber cuando es necesario dar un paso al lado, aceptar que no todo saldrá como se planeo. 
Criterio para dejar ir lo que no fue.
Criterio para entender que entre más piense en esto, más frustrada me siento, más tiempo pierdo. 

Un 23, 6 después.

In El cuarto de San Alejo on 23 enero 2012 at 6:00 am

Muchos se saben la historia: estaba aburrida en Bogotá, apareció una buena oportunidad laboral y después de una entrevista telefónica en Navidad, me despedí de mis amigos y llegué al DF.

No puedo decir que fue amor a primera vista – ya había estado en México antes y, la verdad, tuvimos un comienzo difícil. Sin embargo, como buen enamorado que aún guarda esperanzas, la ciudad me convenció con 1,290 motivos* (hasta hoy) para que la quisiera un día a la vez.  Inteligente, supo jugar sus cartas: le mostró a la razón, primero, las posibilidades de lo que podría ser mi vida para después suspirarle al corazón olores, sonidos, imágenes y sobre todo, sabores totalmente encantadores. No hay marcha atrás cuando te conquistan de esta manera.

El 6º aniversario de esta decisión cae en una fecha simpática y curiosa, por decir lo menos: en 2012 – un año de transición que empezó particularmente enérgico, con 29 años y el Retorno de Saturno, el mismo día que empieza el Año Chino (con Dragón incluido como Sui Po para un Perro como yo). No voy a intensear con el análisis de significado, básicamente todo se resume en cambios – transformaciones- espacios para nuevos tiempos.

Volver a empezar, ese será el leit motiv para los días por venir. Voy a disfrutar el remolino inminente y dejaré que me lleve hasta donde tenga que ir; entenderé que llevo años pensando en millones de cosas y que ha llegado el momento de darle una tregua a mi cabeza; honraré el 23 de enero – el día en que dejé todo lo que quería, empaqué dos maletas y empecé de nuevo – para no olvidar que los cambios siempre traen algo bueno. Más que bueno: me trajo a esta ciudad que considero propia.

 

 

*Aquí encontrarán algunas de ellas: 30 razones para amar el DF. 

 

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