La mitología y los cuentos infantiles están llenos de situaciones en las que el/la protagonista puede llegar a ser o tener todo lo que quiere, sin ningún tipo de restricción o prueba. Me refiero a historias como las de Aladino y la lámpara mágica (pide tres deseos y se te concederán) o al Rey Midas y el oro; que mágicamente -valga la intención- desatan conversaciones triviales sobre qué pediríamos si estuviéramos en su lugar. El típico what if…
No quiero sonar como un libro de autoayuda, por lo que dejaré de lado el hecho de las consecuencias de estos personajes y me enfocaré únicamente en el deseo: ¿Qué serías si pudieras? Si esta pregunta te remite específicamente a una profesión (de chiquita quería ser profesora), adelántate unos años y piensa en el ahora. Si todo se te fuera otorgado, ¿Qué clase de persona serías?
Tengo que confesar que si tuviera algunos -muchos- kilos menos encima en este cuerpo, mi gusto no sería el mismo. Las faldas serían cortísimas y estoy segura que mi estilo podría rayar en la desfachatez. De la moda, lo que acomoda, y por ahora lo clásico casa bien. Lo curioso es que cuando veo a una mujer con ese vestido -que probablemente me pondría de ser quién pudiera ser- lo primero que me sale es una crítica. ¡Yo podría ser ella, caminando por la calle, como si nada importara! Sólo que no lo soy y pienso que mi estilo conservador se debe al buen gusto, al “me educaron bien” y no a las circunstancias. Entonces, ¿sería igual si lo tuviera todo?
Dejo de lado el tema del peso, porque es una opción: ejercicio + dieta + cambio en el estilo de vida + dormir (etc etc etc) y llego a la meta. Listo. ¿Qué pasa cuando hay otros elementos con más rango de acción como el poder? Entonces llega la famosa frase, “el poder, ¿para qué?” Pues para poder, responderían muchos. Y sí, para ser aquel que en el fondo muere por salir y mostrarse. ¿Quién dice que seríamos políticos honestos, cadeneros sin una necesidad infinita porque nos rueguen en la puerta, líderes justos, jefes comprensivos o ricos generosos? En teoría, todos diríamos que sí, porque es lo que debemos decir. En la práctica, pienso que el poder es el catalizador de lo que verdaderamente somos, queremos y sentimos y que en el momento en que tengamos la posibilidad, mostraremos de lo que estamos hechos.
Si son generosos con lo que tienen, justos en medida, comprensivos con los demás y no tienen necesidad de marcar su territorio engreidamente, dense por bien servidos. Cruzaré los dedos para que alguno de ustedes sea el que se encuentre la lámpara mágica y evite la pesadilla de que alguien más sea quien quiso, haciendo que los demás pagaran las consecuencias.