Querido,
Es hora. Tengo que decirte adios por mi propio bien. Ya conozco las consecuencias de no cerrar los ciclos adecuadamente y de todo el peso que genera no hacerlo en el momento correcto.
Llevo unos cuantos días manteniéndome ocupada tratando de no pensarte; actuando como la mujer madura y racional que creo que soy. ¡Y eso no sirvió pa’ nada! Porque aquí estoy, escribiéndote como la única via que encuentro para empezar el duelo y evitar que el dolor se convierta en sufrimiento.
Es probable que nunca leas esto y no me importa; demasiadas cosas por hacer, viajes pendientes, gente que necesita de tu atención, lo de siempre. Igual, tengo que darte las gracias por vivir un término de vida conmigo y acompañarme en este último set de cambios. Me divertí muchísimo, debo decírtelo y ponerle un poco de drama a esto hizo de nuestra historia la telenovela perfecta – colombiana eso sí; en las mexicanas, la protagonista siempre llora mucho, va maquillada y termina bien. Nada relacionado con lo que nosotros tendríamos por contar; sobre todo por lo freaky (¿fue la palabra que usaste?) del final. (¿Qué pretendías? No podíamos escoger nada tradicional si nunca lo fuimos. Es más, la teoría nos dejó claro que nunca debimos ser…).
Espero no haberte hecho daño; sé que la decisión fue precipitada y un poco absurda, pero conoces las razones por las que de ninguna manera esto habría funcionado. Lidiar con tu vida frenética era fácil; lo complicado fue entender que no te enamorarías de mí, así yo fuera perfecta para ti.
Es curioso. Siempre criticaste la responsabilidad que le daba a mi cabeza, “no puedes dejarle todas las resoluciones de la vida, cielo; un día esa inteligencia en la que tanto confías te va a traicionar”. Lo que nunca supusiste es que te haría caso, al tomar esta decisión por el sólo hecho de sentir que algo no estaba bien. Lo hice por ese dolor frecuente que se acumula entre las costillas y molesta, todos los días un poquito más.
Ahora no sé que siento, extrañarte me duele un poco. La cabeza, protegiéndome, te cita repitiendo que sólo habrá finales alternativos a lo que no me gusta, si busco lo que realmente quiero. Mi cabeza… ¿ves por qué sí puedo confiar en ella?
Así que hasta acá llegamos.
Enamórate de una colombiana, si eso es lo que quieres, y hazlo en serio. La vida es muy larga como para vivirla solo.
Un último beso,
Luciana de Cielo.