Muriéndome de aburrimiento el fin de semana y rumiando en lo injusto de la vida -sí, esas estupideces que nos da por pensar cuando estamos desocupadas- decidimos salir con Nama a pasear por ahí y no desperdiciar ni un momento de su limitado tiempo libre…
Se me había olvidado la razón fundamental por la que me gusta la ciudad en donde vivo: siempre hay sitios increibles en cada esquina, que por alguna razón me acuerdan de los momentos más bonitos de mi vida.
Una vajilla igualita a la que había en mi casa, libros de Tintín como los que coleccionaba cuando era chiquita, el olor a vainilla y naranja, una buena comida y una conversación con una grata compañía y al más mínimo volumen, hicieron que mi ánimo fuera diferente.
Anotación personal No.2: Cuando te estés haciendo daño con lo que estás pensando, sal! La ciudad, sobre todo esta, puede hacerte girar en diferentes direcciones.