Ya lo había dicho y reiterarlo es sólo un ejercicio de memoria sana: el tiempo libre cuando amodorra, hace daño. Además, es contagioso. Así que decidí ganarme la estrellita en la frente, comprometiéndome por el día a hacer algo que me hiciera sentir mejor, algo que realmente me costara y que beneficiara a la Lu de 50 años con la que eventualmente me encontraré. Ahora corro; nada fácil si tengo en cuenta que cuando salí del colegio, prometí que la única razón para volverlo a hacer sería un perro furioso que me estuviera persiguiendo. Contra todo pronóstico, llevo una semana y pienso completar el mes para crear el hábito (el primero en mi vida, quizás).
Así que, si pasan por acá, no dejen de compartir toda clase de consejos y ánimos. Mi disciplina poco férrea los necesitará con urgencia y se los agradecerá muchísimo.
Anotación personal No. 4: Cuando sientas que empiezan a crecerte raíces radioactivas a una velocidad impactante, que te atan a la silla y enturbian lo que sientes y piensas, recurre a las endorfinas.