2014

El 2014 fue como uno de esos novios perfectos que se aparecen en la casa con flores. De esos que, si hubiera hecho una lista, cumpliría con todo lo básico requerido; haría chistes con mi papá, se llevaría muy bien con mis cuñados, entendería el humor de mi hermano, sería detallista con mi mamá, compartiría las vacaciones familiares y aportaría una conversación inteligente aunque ligera sólo para hacer pasar a los demás un buen rato. Tendría un buen trabajo, ganaría bien y sin pretensiones, mis amigas lo amarían. Es el típico personaje que aún teniéndolo todo, no lo querrías. Porque uno es así – encuentra el punto en la pared: “no sé, falta algo, creo que no somos tan compatibles”.

Fue duro, exigente, extenuante; como lo es siempre tratar de entender qué hay de malo en un año que vino con trabajo, bodas, viajes, oportunidades.

Y entenderlo fue parte del problema, sobre todo cuando la pasamos bien. Ahora ya no hay tiempo, es hora de decirle adiós y, como con ese novio perfecto, el script está hecho: “No eres tú, soy yo. Gracias por darme lo que necesitaba, no lo que quería. Gracias por decirme todos los días que el que pedalea no se cae”

A todos los que me leen, ¡Feliz 2015! Que la vida les traiga tanto valor como el que generen para otros.

Lunes difícil.

Cada día trae su afán.

Cada vida trae su propia batalla.

Entender eso nos hace más susceptibles y empáticos a la idea de respetar al otro y dejarlo ser.

No es que haya descubierto el hilo negro con esto pero como todo, hasta que es claro y lo puedes enunciar se vuelve real.

Lo anoto acá sólo para que no se me olvide.

Para Juliana

Hoy vamos a celebrar que la vida ha sido buena; que el amor y la tranquilidad pueden venir de la mano. Que la voluntad y las ganas son el mejor detonador de las historias por venir.

Vamos a bailar toda la noche porque las familias grandes siempre han sido “lo nuestro”, y este año somos 8 y no 6.

Cantaremos felices de saber que estamos juntos, que no importa el lugar donde vivimos ahora (o lo haremos en el futuro), siempre existirá la certeza de la cercanía.

Y al final, cuando la fiesta se acabe y todos se vayan a dormir, podré darte un abrazo y decirte que eres una princesa, y que no deseo nada diferente a los que ellas tienen: una vida de felicidad infinita junto a la persona que escogiste.

Para Juliana, mi hermana, con todos los buenos deseos.

De amores y otros discursos.

Tomar una decisión implica dejar algunas cosas atrás. Decir que sí es definitivamente darle la espalda a eso que ya no necesitamos o no queremos; y si lo queríamos, no era tan importante como para tomarlo como opción.

Por eso el amor no puede definirse como una decisión, el compromiso a ese amor, sí. Y es que uno ama con las posibilidades que tiene, como puede, con lo que aprendió; uno ama lo que reconoce como valioso (por eso al estar enamorados, enunciamos cuantas cualidades tiene el otro para hacerse digno de un corazón entregado). En ese reconocimiento, las posibilidades son infinitas y uno puede amar todo aquello que desee.

Ahora, el sentimiento y la verbalización son dos cosas distintas. Una vez se dice “Te amo” hay algo en construcción, una promesa de querer. No se dice eso a la ligera (¿o sí?); no se le dice eso a todo el mundo o no por lo menos en un mismo periodo de tiempo sin tener consecuencias. Podemos amar a muchos y de distintas maneras, pero no con todos los expresaremos. Y aquí es cuando las cosas deberían ser diferentes.

Un simple “para qué” agregado haría el sentimiento más sencillo. Hay amores contemplativos, amores del momento y amores exigentes. Amores que se deben quedar en la barrera porque de otra forma serían una carga. Puedo amar con mi corazón, y de todas maneras, no ser para el otro todo lo que anhela o espera. Ese para qué es el aterrizaje del sentimiento a lo que incluye; es también al final la decisión de no tener ni levantar expectativa alguna y dejar que ese amor, si no es todo lo que quieres, se quede ahí.

 

 

 

Entrada / Salida

Al momento de despedirme (por ahora, por un tiempo, por siempre) entendí el significado del límite de tiempo y lo definitivo. Nos la pasamos repitiendo mil millones de veces esa frase sobre el arrepentimiento de lo que no hacemos, que vivimos sólo una vez como justificación para hacer cualquier tontería y que la vida es corta – Y no lo es, piensen en todo lo que hicieron en los últimos 15 años – que al final desgastamos el valor de su significado.

También pude medir el peso del dolor, de ese hueco que no se va, de la necesidad de estar bien sin saber cómo.

Hasta que una mañana te levantas y no te importa si la vida será larga o corta porque ese día es lo único que realmente tienes; y justo ese día ves como todo vuelve a empezar. Nacen niños, llueve, hay florecitas desubicadas pensando que el verano es primavera. Si bien ese dolor no se parece a nada de lo que has sentido antes, si identificas lo que viene después: el sabor cómodamente conocido de volver a empezar.

Nos acostumbramos a que cada salida es también una entrada y vemos con tranquilidad que esa puerta siempre estará de vaivén.

 

 

Para Ana María.

Hay que creer en el amor para que exista.

Hay que permitirle que te sorprenda un día.

Hay que pensar que puede ser posible querer a alguien tanto, como para ir juntos en cualquier camino, por más complicado que sea.

Y una vez que se encuentra ese amor, hay que decidir apostarlo todo con ilusión; acostumbrarse a hablar en plural y hacer planes que tengan sentido para dos.

Hay que dar espacio para el otro en el clóset, la agenda, los planes. Hay que encontrar canciones, espacios, puntos en común (y en discordia) que nos recuerden la razón de estar juntos cuando se olvide.

Pero sobre todo, hay que querer que ese amor funcione para que todo valga la pena.

A Ana María, mi hermana, a quien admiro profundamente. 

Sobre mujeres y un hábito.

Decir que he sido discriminada o subvalorada por ser mujer es, desde cualquier punto de vista, incorrecto. Debo aceptar que en muchos aspectos soy una persona privilegiada a la que le dieron voz y decisión desde muy pequeña y que creció en un mundo rodeada de mujeres fuertes, independientes, valientes y amorosas que siempre dieron el ejemplo creando una vida propia.

A mí, y a otras que comparten mi realidad, no se nos puede olvidar que “a quién mucho se le da, mucho se le pide”. En ese espectro tan variable que es el vivir como mujer, en donde a unas se les niega cualquier tipo de derecho y otras pueden alcanzar lo que deseen, nosotras tenemos una obligación social.

En marzo se hablará de todo tipo de realidades por las que miles de organizaciones ya trabajan en el mundo y que afectan sobre todo a las mujeres; la pobreza, violencia, exclusión social, marginación, tráfico. Las puertas siempre están abiertas para participar en la causa que más nos llame la atención.

La otra opción (esa que cree en las pequeñas acciones que logran grandes cosas) es que compartan esta propuesta, personal y transferible, terrenal y práctica, pero no por eso sencilla: que nos hagámonos la vida más fácil entre las que estamos cerca.  

Algunas ideas que se me ocurren:

  • Procurar darles oportunidad a la generación que viene, evitando competir con ellas.
  • Intentar promover a aquellas mujeres que tienen la posibilidad y quieren llegar lejos, pero no saben cómo hacerlo.
  • Dejar de decir, por ejemplo, que “las mujeres son jefas complicadas” porque además de pegarnos un tiro en el pie, estamos provocando que todos (incluidas las niñas más pequeñas) lo crean.
  • Evitar criticar las decisiones sobre el futuro que una mujer tome relacionado a su rol. Si quieren trabajar, ¡adelante!. Si se quieren quedar en casa con sus hijos, ¡es perfecto! Tenemos opciones y es ahora cuando no deberíamos limitarnos asumiendo un deber-ser impuesto.
  • Asumir que no somos iguales que los hombres, pero que si realizamos las mismas acciones, debemos obtener las mismas recompensas.

La propuesta se queda corta si lo dejamos en 4 puntos y cómo ha sido el planteamiento inicial de este blog, siempre se puede opinar en los comentarios. Así que la invitación está hecha para que sumen. Hacernos la vida más fácil entre nosotras podría convertirse en un hábito con el que pagáramos lo que nos fue otorgado.

Gracias a @mconstruyendo por la invitación a escribir #porlasniñas #porlasmujeres.

Sin traducción

Hay palabras que colecciono por el sólo hecho de no tener una traducción exacta al español. Saudade fue la primera y se quedó conmigo como un hijo único hasta que encontré una libreta donde ir anotándolas. Curiosamente cada palabra -como los libros de mi vida- llegaron en el momento justo donde más sentido tenían. Es es el caso de Age-otori (no sé como se escriba en japonés) que la descubrí cuando me corté el pelo muy cortico por una buena razón pero con un muy mal resultado.

Mamihlapinatapei, en yagán o yamaná, significa “una mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo pero que no saben como dar el primer paso”. Hasta que uno de las dos decide invitar al otro a bailar, a hablar, a viajar; a pensar que una locura puede ser posible. Sin importar cuál sea el resultado, esa será siempre mi palabra preferida del 2013.

Recordatorio de noviembre

Antes de que se termine el mes y empiece el nonsense de diciembre:

Sí se puede tenerlo todo; hacer listas, buscar, buscar, dudar un poco.

Pensar que no es posible y sorprenderte cuando sucede. 

Ahora el plan será recordarlo siempre y no perder el tiempo pensando de más.

31

En unas horas cumplo 31 años y desde el lunes traigo la intensidad de una niña de 7. Sucede cada 2 de octubre y espero que así sea hasta el fin de los tiempos con el único objetivo de que cada año cuente su propia historia.

Desde que era muy chiquita me impresionaba oír a mi papá echando historias con fechas exactas. La imperiosa necesidad de querer imitarlo me cuestionaba si  sería capaz de recordar las anécdotas con detalles específicos cuando creciera. Para compensar la falta de esa habilidad que no heredé, decidí adjudicar tags a cada año con situaciones importantes en donde creo que el camino tomó un rumbo diferente.

La historia de los 30 trajo momentos de libertad y distancias recorridas, la ilusión de ser todopoderosa, nuevas categorías de definición, voluntades indomables (¿me han visto brava? Si es así, lo entenderán), amistades nuevas, viejas y de paso; la certeza de que lo quiero todo porque estoy dispuesta a recibirlo. Mañana llego con algunas arrugas, normales en quien hace caras y sonríe desde el corazón; segura, así el mundo diga lo contrario, que no hay nada mejor en la vida que bailar, y convencida de que para llegar lejos siempre es mejor hacerlo con alguien más.

Si este próximo año resulta levemente parecido al anterior, la historia que contaré cuando sea viejita será realmente divertida.

Como todos los años, agradezco infinitamente los buenos deseos y desde el fondo de mi alma, espero que tengan una vida tan feliz como ha sido la mía hasta hoy.