Al momento de despedirme (por ahora, por un tiempo, por siempre) entendí el significado del límite de tiempo y lo definitivo. Nos la pasamos repitiendo mil millones de veces esa frase sobre el arrepentimiento de lo que no hacemos, que vivimos sólo una vez como justificación para hacer cualquier tontería y que la vida es corta – Y no lo es, piensen en todo lo que hicieron en los últimos 15 años – que al final desgastamos el valor de su significado.

También pude medir el peso del dolor, de ese hueco que no se va, de la necesidad de estar bien sin saber cómo.

Hasta que una mañana te levantas y no te importa si la vida será larga o corta porque ese día es lo único que realmente tienes; y justo ese día ves como todo vuelve a empezar. Nacen niños, llueve, hay florecitas desubicadas pensando que el verano es primavera. Si bien ese dolor no se parece a nada de lo que has sentido antes, si identificas lo que viene después: el sabor cómodamente conocido de volver a empezar.

Nos acostumbramos a que cada salida es también una entrada y vemos con tranquilidad que esa puerta siempre estará de vaivén.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s