Lunes difícil.

Cada día trae su afán.

Cada vida trae su propia batalla.

Entender eso nos hace más susceptibles y empáticos a la idea de respetar al otro y dejarlo ser.

No es que haya descubierto el hilo negro con esto pero como todo, hasta que es claro y lo puedes enunciar se vuelve real.

Lo anoto acá sólo para que no se me olvide.

Entrada / Salida

Al momento de despedirme (por ahora, por un tiempo, por siempre) entendí el significado del límite de tiempo y lo definitivo. Nos la pasamos repitiendo mil millones de veces esa frase sobre el arrepentimiento de lo que no hacemos, que vivimos sólo una vez como justificación para hacer cualquier tontería y que la vida es corta – Y no lo es, piensen en todo lo que hicieron en los últimos 15 años – que al final desgastamos el valor de su significado.

También pude medir el peso del dolor, de ese hueco que no se va, de la necesidad de estar bien sin saber cómo.

Hasta que una mañana te levantas y no te importa si la vida será larga o corta porque ese día es lo único que realmente tienes; y justo ese día ves como todo vuelve a empezar. Nacen niños, llueve, hay florecitas desubicadas pensando que el verano es primavera. Si bien ese dolor no se parece a nada de lo que has sentido antes, si identificas lo que viene después: el sabor cómodamente conocido de volver a empezar.

Nos acostumbramos a que cada salida es también una entrada y vemos con tranquilidad que esa puerta siempre estará de vaivén.

 

 

Sobre mujeres y un hábito.

Decir que he sido discriminada o subvalorada por ser mujer es, desde cualquier punto de vista, incorrecto. Debo aceptar que en muchos aspectos soy una persona privilegiada a la que le dieron voz y decisión desde muy pequeña y que creció en un mundo rodeada de mujeres fuertes, independientes, valientes y amorosas que siempre dieron el ejemplo creando una vida propia.

A mí, y a otras que comparten mi realidad, no se nos puede olvidar que “a quién mucho se le da, mucho se le pide”. En ese espectro tan variable que es el vivir como mujer, en donde a unas se les niega cualquier tipo de derecho y otras pueden alcanzar lo que deseen, nosotras tenemos una obligación social.

En marzo se hablará de todo tipo de realidades por las que miles de organizaciones ya trabajan en el mundo y que afectan sobre todo a las mujeres; la pobreza, violencia, exclusión social, marginación, tráfico. Las puertas siempre están abiertas para participar en la causa que más nos llame la atención.

La otra opción (esa que cree en las pequeñas acciones que logran grandes cosas) es que compartan esta propuesta, personal y transferible, terrenal y práctica, pero no por eso sencilla: que nos hagámonos la vida más fácil entre las que estamos cerca.  

Algunas ideas que se me ocurren:

  • Procurar darles oportunidad a la generación que viene, evitando competir con ellas.
  • Intentar promover a aquellas mujeres que tienen la posibilidad y quieren llegar lejos, pero no saben cómo hacerlo.
  • Dejar de decir, por ejemplo, que “las mujeres son jefas complicadas” porque además de pegarnos un tiro en el pie, estamos provocando que todos (incluidas las niñas más pequeñas) lo crean.
  • Evitar criticar las decisiones sobre el futuro que una mujer tome relacionado a su rol. Si quieren trabajar, ¡adelante!. Si se quieren quedar en casa con sus hijos, ¡es perfecto! Tenemos opciones y es ahora cuando no deberíamos limitarnos asumiendo un deber-ser impuesto.
  • Asumir que no somos iguales que los hombres, pero que si realizamos las mismas acciones, debemos obtener las mismas recompensas.

La propuesta se queda corta si lo dejamos en 4 puntos y cómo ha sido el planteamiento inicial de este blog, siempre se puede opinar en los comentarios. Así que la invitación está hecha para que sumen. Hacernos la vida más fácil entre nosotras podría convertirse en un hábito con el que pagáramos lo que nos fue otorgado.

Gracias a @mconstruyendo por la invitación a escribir #porlasniñas #porlasmujeres.

Recordatorio de noviembre

Antes de que se termine el mes y empiece el nonsense de diciembre:

Sí se puede tenerlo todo; hacer listas, buscar, buscar, dudar un poco.

Pensar que no es posible y sorprenderte cuando sucede. 

Ahora el plan será recordarlo siempre y no perder el tiempo pensando de más.

Gracias por el promedio

Llevo semanas pensando en esa frase que asegura que somos el promedio de las cinco personas con las que más tiempo pasamos. Asumiendo que algo debe tener de cierta (no he leído los estudios aún), hice la lista de quiénes serían aquellas que influyen en mi día, forma de pensar y decisiones – tontas o totalmente profundas – con el único objetivo de saber si me gusta (o no) el promedio en el que me he convertido.

El proceso, por demás interesante, me dejó una respuesta y la necesidad de agradecer la generosidad con la que estos “frecuentes” han entrado a mi vida. Veo de lo que están hechos y me quedo con la ilusión de pensar que algo, aunque sea una milésima de lo que son, se coló por osmosis. Por ejemplo, la capacidad para solucionar los problemas sin pelear o la habilidad que tiene mi primera-persona-de-esta-lista para sacar lo mejor de los que se acercan y emocionarlos al punto de que todo lo que quiere, suceda. Estoy segura que a él le gustaría contagiarme de otras cosas, como su gusto por cierta música, y que dejara por un momento mis canciones preferidas (eso nunca pasará).

Hay quienes me enfrentan a la realidad porque se comportan como un espejo de lo que soy. A ellas les debo las reflexiones más intensas y las críticas más duras. Con ellas he aprendido a que es necesario tener gente cercana, amorosa y dulce, que te cante la tabla de vez en cuando; y que es mejor hacerlo rápido para poder pasar inmediatamente a conversaciones ociosas y divertidas que no dañen el rato.

También están otros que, con poco tiempo, son capaces de tejer una red de seguridad suficientemente fuerte que te motiva a saltar e intentar lo que sea. Son independientes, leales, ágiles, inteligentes; se amoldan a la necesidad del instante y dan lo que tienen por el bien de quienes los quieren. Estar con ellos es y será siempre una garantía de llenar el alma y el corazón de buenos momentos; alimentarse del mundo que han vivido y que comparten sin límite.

Como todo ejercicio, pensar en el promedio tiene otra cara. ¿Qué tanto habré dado para sumar a su lista personal? A todos con quienes paso la mayoría de mis días, espero que el tiempo juntos los haya beneficiado tanto como a mí. Si no es así, sepan que la cuenta está pendiente y que estaré feliz de completarla pronto.

Es hora de volver.

Los que me conocen pueden decir que las cosas siempre son mejores cuando las cuento que cuando las vivo. Mis hermanas lo reconocen muy bien al verme haciendo caras y hablando sola; “¿En qué estás pensando?” y se ríen porque saben que estoy reviviendo algo con la misma intensidad que cuando sucedió.

Me pasa con las historias de amor, las peleas oficineras y las conversaciones de domingo; para mí, casi todo merece ser contado. La razón no cumple un ejercicio de socialización, ni siquiera por las ganas de grabarlo en la memoria; es sólo que hay muchas cosas sucediendo alrededor que necesitan escribirse para entenderse.

Así que esa es la razón de volver.

A partir de mañana, Luciana volverá a escribir los domingos.

De despedirse y otras cuestiones del 2013

Hay mil formas de despedirse y hay otras tantas para lidiar con el hecho de saber que eres el que te quedas. De las dos opciones, sé que es mucho más facil emprender el camino que  ser el que arregla la casa después de la fiesta.

Los que se van están emocionados por lo que viene; los que se quedan extrañan por anticipado el espacio que quedará libre, los momentos que se dejarán de vivir, la cercanía que da contar los sucesos frívolos de todos los días. Si bien los que se van también sienten nostalgia (no estoy demeritando sus sentimientos, también lo he vivido), hay varias cosas por hacer y la adaptación exige tanto tiempo, que la sensación pasa a ser eso-que-llega-cuando-estás-desocupado durante el fin de semana.

Por eso escribo hoy: un síndrome dominguero más sentido que la cruda de una buena fiesta; ese sentimiento de “no hallarte” en ningún lado, tener rabia/sueño/melancolía/desasosiego por días y ni siquiera saber por qué. O si saberlo, pero evitando el tema porque te sientes infantil aceptando que todo esto se debe al que estaba en los números frecuentes. Y entonces llega el fin de semana, nuevos planes, gente diferente, conversaciones interesantes que hacen que extrañar al otro sea menos difícil.

Pensando en los que se fueron y luego de – por fin – empezar el año, llega la primera conciencia del 2013: el corazón sólo necesita tiempo para reacomodarse y aceptar que en los espacios que quedan vacíos las posibilidades son infinitas.

Keep calm and…

Angustia en tiempos navideños: muchos planes, poco tiempo, trabajo hasta el techo, ganas de estar en todas partes y pocas posibilidades de lograrlo, compromisos previos que se agendaron con antelación porque “ya casi es Navidad y seguro todo el mundo ya tiene cosas que hacer”.

Sí, ese es mi estado actual. Hasta ayer. Me di por vencida. No voy a lograrlo y no me importa.

La Navidad/Año Nuevo/Diciembre lo escogí hace muchos años como el tiempo para reconocer cuánto había crecido, visualizar los cambios hechos, definir los próximos y en resumen, saber si había hecho algo con mi vida; en otras palabras, encontrarle un apellido al año que lo marque para no olvidarlo.

A 8 días de diciembre, ya me perdí en el tráfico, los documentos y los deberes, que me mantienen ocupada y con un sentimiento de seguridad que me dice que estoy aprovechando el momento como mejor puedo.  Nada más falso.

Así que aquí hago un alto: hay cosas que realmente merecen mi atención en este momento y que no volverán a pasar; así que a ellas les dedicaré mi corazón y mi cabeza. Para lo demás (fiestas, buenos deseos, comidas, papeleos) tenemos todo el 2013.

Lo que sirva y no estorbe.

Estoy viviendo un momento complicado en el que las cosas, a) están dañadas y no hay cómo arreglarlas, b) no sirven  y estorban, c) funcionan a medias y con demasiado esfuerzo, o d) probablemente todas las anteriores en diferentes etapas.

Hoy hablaba con alguien en otro contexto que decía que “estamos en una crisis general en la que le dimos demasiada importancia a lo que no tenía; generando expectativas irreales de los resultados”. Ella se refería a la industria, a mí me sonó que hablaba de mi vida. Terminó su pequeña intervención afirmando que por eso escribía todo lo que no le parecía bien -y que la cuestionaba fuertemente- para no acostumbrarse a ver las cosas en este estado. “No se me puede olvidar cómo pensaba antes, cuando no estaba sesgada. Siento que si vuelvo a estas anotaciones en algunos días, ratificaré mi forma de pensar”. 

Así que, en honor de esta corta conversación de hoy y para recordar lo que sí está bien, sirve, no estorba y sólo requiere el esfuerzo debido para ser útil, les dejo mi lista de lo que debería ser siempre porque lo he visto funcionar antes:

  • Los tratos, acuerdos y alianzas que se hacen con la idea de beneficiar una causa loable y mayor que el ego de algunos pocos.
  • El trabajo honesto del que no se sienta en la silla a esperar un pago.
  • Comprometerse con el otro, sólo por el cariño y/o respeto que le tiene.
  • Amar a esa persona y decírselo todos los días. Dejar de hacerlo en el momento en que ese amor se acaba.
  • Confiar en la experiencia y ser lo suficientemente flexible y abierto para dejar que otros aprendizajes lleguen.

Esto es sólo por hoy, quién sabe que otra cosa pueda agregar a la lista mañana.

Un día a la vez

Frustración. 
Tolerancia a la frustración. 
Paciencia para alcanzar la tolerancia a la frustración.
Tiempo.
Conciencia del tiempo.
Espacio donde quepa la conciencia del tiempo.
Criterio.
Criterio para saber cuando es necesario dar un paso al lado, aceptar que no todo saldrá como se planeo. 
Criterio para dejar ir lo que no fue.
Criterio para entender que entre más piense en esto, más frustrada me siento, más tiempo pierdo.