De amores y otros discursos.

Tomar una decisión implica dejar algunas cosas atrás. Decir que sí es definitivamente darle la espalda a eso que ya no necesitamos o no queremos; y si lo queríamos, no era tan importante como para tomarlo como opción.

Por eso el amor no puede definirse como una decisión, el compromiso a ese amor, sí. Y es que uno ama con las posibilidades que tiene, como puede, con lo que aprendió; uno ama lo que reconoce como valioso (por eso al estar enamorados, enunciamos cuantas cualidades tiene el otro para hacerse digno de un corazón entregado). En ese reconocimiento, las posibilidades son infinitas y uno puede amar todo aquello que desee.

Ahora, el sentimiento y la verbalización son dos cosas distintas. Una vez se dice “Te amo” hay algo en construcción, una promesa de querer. No se dice eso a la ligera (¿o sí?); no se le dice eso a todo el mundo o no por lo menos en un mismo periodo de tiempo sin tener consecuencias. Podemos amar a muchos y de distintas maneras, pero no con todos los expresaremos. Y aquí es cuando las cosas deberían ser diferentes.

Un simple “para qué” agregado haría el sentimiento más sencillo. Hay amores contemplativos, amores del momento y amores exigentes. Amores que se deben quedar en la barrera porque de otra forma serían una carga. Puedo amar con mi corazón, y de todas maneras, no ser para el otro todo lo que anhela o espera. Ese para qué es el aterrizaje del sentimiento a lo que incluye; es también al final la decisión de no tener ni levantar expectativa alguna y dejar que ese amor, si no es todo lo que quieres, se quede ahí.

 

 

 

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Sin traducción

Hay palabras que colecciono por el sólo hecho de no tener una traducción exacta al español. Saudade fue la primera y se quedó conmigo como un hijo único hasta que encontré una libreta donde ir anotándolas. Curiosamente cada palabra -como los libros de mi vida- llegaron en el momento justo donde más sentido tenían. Es es el caso de Age-otori (no sé como se escriba en japonés) que la descubrí cuando me corté el pelo muy cortico por una buena razón pero con un muy mal resultado.

Mamihlapinatapei, en yagán o yamaná, significa “una mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo pero que no saben como dar el primer paso”. Hasta que uno de las dos decide invitar al otro a bailar, a hablar, a viajar; a pensar que una locura puede ser posible. Sin importar cuál sea el resultado, esa será siempre mi palabra preferida del 2013.

Zapatos de cristal

Todos los cuentos tradicionales empiezan con un había una vez…, y este no será la excepción. Como la historia la contaré yo, podrías suponer que preferiré representar a la mujer-doncella-en apuros y ese será el primer error: yo seré la (¿él?) hada madrina. La responsable de no dejarle espacio a la adversidad o al orgullo. La que hace que las cosas pasen; que cree en el amor, lo cuenta y lo entiende. Si lo piensas bien, ese siempre ha sido mi papel. Ahora recuérdalo, porque esta es la única razón por la que hoy estoy escribiendo.

La conociste por azares del destino (¿Acaso el enamoramiento no es más que una coyuntura de dos realidades?). Le pediste un abrazo en un momento crucial, y ella, que tiene una personalidad libre y abierta, te lo dio sin conocerte. Debo decir que eres guapo y eso seguramente ayudó. Los detalles de lo que vino después no los sé y me parecen irrelevantes. Lo crucial aquí es que repetiste la historia de siempre: dejaste al azar lo que hubiera podido ser una muy buena historia de amor. Ella era linda, lo sabes, y hubiera podido hacerte feliz -en pasado, porque ahora le gusta alguien más y eso ni siquiera te lo debería contar, pero lo hago, para que sepas que aquí ya perdiste tu oportunidad.

Ahora pienso que te gusta el hecho de actuar indiferente y que la situación tome el curso que le de la gana, porque es más fácil y arriesgas menos. Cuando me encontré un papel que decía “quiero alguien que me cuide y quiera como tú” , me pareció preciso aclarar varios puntos, porque sé que me lees. Lo primero, no pretendas construir un amor que gire a tu alrededor; posiblemente puedas tener relaciones de ese tipo, pero tarde o temprano fracasarán. Segundo, si lo quisieras con tantas ahínco, estarías en el camino para conseguirlo – en uno mental, por lo menos. A veces las ganas es lo único que se necesita. Tercero y último: repetir la misma situación una tras otra, no hará que el resultado cambie. Es de las pocas veces que no aplica el “la práctica hace al maestro”. En tu caso, la práctica sólo hace que pierdas el tiempo… y mira que no eres joven, pero eso ya lo sabes también.

Digo todo esto porque, antes de decir adiós, te conté sobre la bruja que robaba los corazones para que la gente no pudiera amar. Qué pesar que yo no sea ella; las brujas -buenas- siempre lanzan “maldiciones” para que la otra persona entienda o aprenda lecciones de vida; y yo, por más que intentaba explicarte que el amor no funciona a punta de caprichos, no lo logré. Tal vez uno de esos hechizos hubiera servido. Ahora, como pedí ser hada en esta ocasión, lo único que me queda para darte es un deseo: tienes el permiso de salir con aquella a quién tanto esperas. Cuando estés al frente, olvidarás el pasado y todo lo que antes no te permitía buscarla. La podrás enamorar y así empezar de nuevo. ¡Sólo hazlo con cuidado! Recuerda que a todas las mujeres no les queda el mismo zapato.

Esta es una despedida

Querido,

Es hora. Tengo que decirte adios por mi propio bien. Ya conozco las consecuencias de no cerrar los ciclos adecuadamente y de todo el peso que genera no hacerlo en el momento correcto.

Llevo unos cuantos días manteniéndome ocupada tratando de no pensarte; actuando como la mujer madura y racional que creo que soy. ¡Y eso no sirvió pa’ nada! Porque aquí estoy, escribiéndote como la única via que encuentro para empezar el duelo y evitar que el dolor se convierta en sufrimiento.

Es probable que nunca leas esto y no me importa; demasiadas cosas por hacer, viajes pendientes, gente que necesita de tu atención, lo de siempre. Igual, tengo que darte las gracias por vivir un término de vida conmigo y acompañarme en este último set de cambios. Me divertí muchísimo, debo decírtelo y ponerle un poco de drama a esto hizo de nuestra historia la telenovela perfecta – colombiana eso sí; en las mexicanas, la protagonista siempre llora mucho, va maquillada y termina bien. Nada relacionado con lo que nosotros tendríamos por contar; sobre todo por lo freaky (¿fue la palabra que usaste?) del final. (¿Qué pretendías? No podíamos escoger nada tradicional si nunca lo fuimos. Es más, la teoría nos dejó claro que nunca debimos ser…).

Espero no haberte hecho daño; sé que la decisión fue precipitada y un poco absurda, pero conoces las razones por las que de ninguna manera esto habría funcionado. Lidiar con tu vida frenética era fácil; lo complicado fue entender que no te enamorarías de mí, así yo fuera perfecta para ti.

Es curioso. Siempre criticaste la responsabilidad que le daba a mi cabeza, “no puedes dejarle todas las resoluciones de la vida, cielo; un día esa inteligencia en la que tanto confías te va a traicionar”. Lo que nunca supusiste es que te haría caso, al tomar esta decisión por el sólo hecho de sentir que algo no estaba bien. Lo hice por ese dolor frecuente que se acumula entre las costillas y molesta, todos los días un poquito más.

Ahora no sé que siento, extrañarte me duele un poco. La cabeza, protegiéndome, te cita repitiendo que sólo habrá finales alternativos a lo que no me gusta, si busco lo que realmente quiero. Mi cabeza… ¿ves por qué sí puedo confiar en ella?

Así que hasta acá llegamos.

Enamórate de una colombiana, si eso es lo que quieres, y hazlo en serio. La vida es muy larga como para vivirla solo.

Un último beso,

Luciana de Cielo.

¿Qué final quieres?

Estoy leyendo a Daniel Glattauer* y con cada carta que se mandan los protagonistas, me pregunto si su historia terminará bien o será, como siempre, un cuento que es bueno mientras dure.

Mi lado racional afirma que no se puede esperar más de dos personas que sólo se mandan mensajes (tweets, pins, correos: todo eso está incluido). Su lado opuesto -y complementario- quiere pensar que no hay nada más sincero, abierto y honesto que esas mismas dos personas que deciden contar su vida a un extraño a pesar de todo – y todos.

¿Alguna vez han conversado con alguien que no conocen? Yo sí, muchas veces. La primera fue divertida y no terminó nada bien; la segunda fue (y sigue siendo) casual, porque prometimos nunca vernos y en la tercera, acabé la comunicación unilateralmente porque asumí que la otra persona estaba pasando por demasiadas cosas, como para además lidiar con mis cartas.

No he terminado la segunda parte de la novela, Cada siete olas, y con la empatía que me caracteriza ya estoy sufriendo con el final que, creo, nos dará el autor. Me reflejo en ella y entiendo como se enamora de él; a él lo leo y juro que lo he visto en alguien más. A más de 200 hojas del final e intentando dejar el libro en la mesa de noche para ganar horas de sueño; pregunto ¿Cómo se supone que debe terminar una historia en la que los protagonistas se conocen únicamente por correo?

*Este post puede ser confuso si no han leido Contra el viento del norte. Entender esta entrada es la más insignificante de las razones por las que deben leerlo. La recomendación está hecha, si lo encuentran, no duden en comprarlo y después pasar a comentar sus impresiones.  Las cartas entre los protagonistas son ágiles, divertidas, ingeniosas e irónicas.

7 de agosto

A mí no me digan que el amor no existe, porque yo sí lo he visto.  Y no me refiero precisamente a ese que aparece en los cuentos infantiles, donde sólo tienen que vencer un problema y ser felices para siempre. Hablo de aquel que surge entre dos personas completamente diferentes, en un evento coincidente y donde ninguno de los dos pensó que encontraría al otro y mucho menos que duraría tanto. Ese amor infinito, bueno, tolerante y paciente; que todo lo entiende y que construye sobre los errores olvidados cuando se pide perdón de corazón. Sí, ese sentimiento lo conozco. Fue el mismo que me enseñó que cuando de verdad te importa alguien haces lo que sea por él, porque en el amor y en la guerra todo se vale.

Nací y crecí en ese ambiente en el que las promesas se cumplen y los anillos son una representación del compromiso y no sólo el recordatorio de una fecha, entonces no me pidan que no crea.  He visto las buenas, malas, divertidas y dificiles situaciones de ese amor que sólo crece con cada año que celebran juntos. Nadie más que yo lo ha visto desde el principio y ha disfrutado más que cualquiera, esos momentos.

Me ha tocado estar cuando se alejan y conversan por el teléfono mil horas hasta quedarse dormidos, oir como uno se preocupa por el otro, si comió, llegó bien a la casa o sigue con gripa; y la emoción de saber que ya casi vuelve y subirán juntos a otro avión para compensar el tiempo perdido. Él hace la maleta por los dos y le tiene una sorpresa, ella corre entre las filas de inmigración para no perder el vuelo y abrazarlo lo antes posible. Así están de conectados que cada uno tiene en el bolsillo exactamente el mismo regalo para el otro. Mismo anillo, material y empaque.

Entonces, una vez más, no me hagan pensar que fue la suerte de aquellos o que es sólo una coincidencia que pocos logran vivir;  porque no concebiría un futuro con alguien que no fuera así, que no entendiera que ese amor es posible, que está guardado sólo para los que creen y son lo suficientemente pacientes para esperarlo.

¡Feliz aniversario, Sr y Sra S! Que la vida les traiga todo lo bueno, repetido mil veces.

Too little, too late

No es suficiente con que te digan que te aman y te adoran; que además afirmen que eres la mujer (o el hombre) más increible del mundo y que darían lo que fuera por estar cerca a ti, si todo esto se reduce a un mensaje por celular y un appointment más en la agenda. Por lo menos no en mi caso.

Entonces, la próxima vez que decidan decirle a alguien lo mucho que la(o) quieren, fírmenlo; y cuando conversen, que no sea porque están desocupados y les pareció lindo hablar con alguien que seguramente les pondrá atención. Por favor, no usen el  no quiero hacerte daño, porque con eso ya están afirmando que lo harán; además de que se oye pésimo y nadie se lo cree ya. Por último, no tienten al tiempo, porque abusar de la paciencia del otro es sólo un claro indicio de qué tan egoista puedes ser.

10 años y sigue contando

Gardel dijo que 20 años no es nada… pero cuando eso representa el 74% de tu vida, de los cuales la mitad te la has pasado en el mercado del romance, el amor y la cursilería; las cosas cambian.

Como a mí todo lo que suena a celebración me gusta, festajaré 10 años de haber empezado a salir, con una lista de las canciones que me acuerdan a amores fallidos, platónicos, importantes, superfluos, repetidos y repentinos.

No será una lista cualquiera. Estoy convencida que todos vivimos más o menos lo mismo, casi como los cuentos populares repiten las estructuras narrativas. Por esto, cada canción estará vinculada a una función de Propp, con la idea de resumir la historia y no entrar en detalles.

Hago una advertencia: no me caracterizo precisamente por tener un gusto musical distinguido e interesante y espero que este no sea un motivo para que dejen de leerme.

Con esto dicho, y aceptando que me moría de ganas de hacer esta lista, sólo para darle un tag auditivo a cada “novela”, comienzo:

  • La prohibición– empieza la Era de los Juanes. Ninguna de estas historias duró más de dos semanas, a pesar de mi empeño porque fueran eternas. Él “te lo dije” fue recurrente en esa época.
    • Smooth – Rob Thomas Feat. Santana
    • Tu Cariñito –  Puerto Rican Power
    • La Cartera – Carlos Vives
    • Two times – Ann Lee
    • Una canción – Los de Adentro
  • La complicidad y colaboración con el oponente– esta es la etapa del mejor amigo que deja de serlo.
    • Tabaco y Chanel – Bacilos
    • Angel – Shaggy
    • Ella es tan bella – Rikarena
    • Obsesión – Los Inquietos Vallenatos
  • El combate entre el héroe y el agresor – como película de Antonio Banderas: dos personas en el mismo lugar, intentando bailar con la misma mujer…(¿creyeron que el combate había sido real? nah!)
    • Piel Canela – Andrés Cepeda (versión)
    • I´ll fly with you – Gigi D´Agostino
    • Tania – Joe Arroyo
  • El falso héroe no necesita explicación, o ¿sí?
    • Too Fancy – Debbie Gibson
    • Romeo and Juliet – The Killers
    • Mack the knife –  Frank Sinatra
    • Nao Preciso Mudar – Ivette Sangalo … (sí, con este personaje nunca bailé…)

Para terminar como se debe, y porque cada soundtrack que se respete tiene un bonus, acá les dejo el del final feliz: Qué diera – Carlos Vives

Espero sus canciones, quedan muchas funciones de Propp por musicalizar; ¿Qué tal una historia de despedida?

La historia que no seremos.

El futuro me obsesiona y para ciertos eventos en la vida, quisiera guardar cada minuto que precedió una decisión o estado importante. Por eso, cuando creo que va a pasar algo diferente que pueda cambiar el destino de lo que conozco hasta el momento, intento abrir un espacio en mi memoria y tomar fotos mentales que resuman la historia y me permitan contarla con la mayor cantidad de detalles. Como esas, guardo muchas; me sé cada momento de lo sucedido y soy feliz cuando sale en una conversación, porque me generan el mismo sentimiento de esa vez.

Esas historias y otras cuantas, por lo general, empiezan bien; el típico ejemplo es cuando conoces a alguien y te gusta. Genera una impresión positiva, compras el discurso de quien es, se lo cuentas a alguien más, empiezas a compartir ciertos momentos, te sorprende lo bien que se llevan juntos y cómo todo caza perfectamente. Con el tiempo, revisas y te da por pensar que esa persona podría ser la dueña de tu último primer beso. Todo bien hasta ahí. Inclusive, si eres un buen narrador o sabes escribir, alcanzaría para un guión de película dominguera o por lo menos, para un buen cuento de café.

Pero, ¿qué pasa cuando sale al revés y tu expectativa no corresponde a la realidad? Porque, por cada historia exitosa, hay una fallida como mínimo, y de esas no hablamos mucho, sólo al principio para dar una explicación y desahogarnos de lo que llevamos por dentro.

Lo primero que te dicen tus amigos es “todo pasa por algo, tú tranquila, cuando no es, no es…”. Culpas al destino -o a la loca que se atravesó, puede ser el caso- y ahí empieza la historia que no seremos, esas historias que nadie cuenta con emoción ni delirio y que pasan a engrosar la lista de “aquello que no quiero volver a vivir” (la angustia, la desesperación, el mal genio, la tristeza, todo revuelto y encarnado en alguien en el que no me reconozco).

Me ha pasado varias veces que me encuentro con alguien con quien salí; lleva su vida (igual que la mía) y mientras se aleja, después de saludar cordialmente y con un poco de emoción nostálgica, no puedo dejar de pensar en lo que hubiera sido si… (y aquí me explayo, sin parar).

Y entonces aparecen las fotos mentales y revivo todo: lo bueno, malo, aburrido, excitante… ¡todo! y me doy cuenta que fuimos una historia que desde el comienzo, y a pesar de lo emocionante que vi y pensé que era perfecto, no estaba planeada para ser.

Entonces, ¿cuál es su beneficio? ¿Para qué siquiera acordarse de eso? Simple, porque las historias que no fueron, nos enseñan a entender precisamente, en lo que no queremos convertirnos.

El amor en los tiempos… de la Influenza.

Admitiré públicamente que El Amor En Los Tiempos Del Cólera es el libro que más trabajo me costó empezar. Soy una lectora entrenada, leo todo lo que pase por mis ojos y desde muy chiquita tengo la costumbre de comerme 50 hojas del libro que esté disponible en mi mesa de noche.

La historia de Florentino y Fermina se quedó guardada durante muchos años; no sé si por la confusión  que me generaban tantos personajes o por la incredulidad de ese amor que duraría tantos años bajo esas condiciones. Algo adicional, las palabras cólera y epidemia se oían lejanas, como la típica fantasía de ahora que estoy enferma, dime que me amas (sí, sí, soy de la generación de el-amor-es-trágico firmado por Corín Tellado!).

Ahora, en tiempos de desidia (y de Influenza) las historias como ésta adquieren un nuevo sentido. Dejemos de lado el aburrimiento, démosle importancia al sentido de lo efímero: recibí un mail inesperado, de alguien que no debió haberlo hecho, sólo porque pensó que podía estar infectada (“¿Estás bien? Dime que no has tosido, ni tienes fiebre…”).

¿Para qué? Pero sobre todo,  ¿por qué me afecta tanto? Sencillo; en el fondo tenemos el deseo infantil de la historia heroica en la que, cuando la tierra se parte en dos y estás a punto de caer por un barranco, llega Aquel a salvarte.   En la superficie, sabes que nunca va a pasar, porque no hay situaciones tan extremas como para que, en serio, necesites una salvación… y entonces está la Influenza. Y te escriben pidiendo que les confirmes que todo está bien, que “se morirían si algo malo te pasara”.

-Pues no, no te mueras, no he tosido ni estornudado, y por favor no me distraigas… estoy disfrutando del aburrimiento típico de los que nos tocó vivir en este momento de claustro obligado, haciendo planes para que las cosas empiecen a pasar porque sí, sin causas fantásticas o trágicas, y entonces no me toque esperar a que sea vieja y las almendras se hagan amargas para que pasen por mi puerta.-