2014

El 2014 fue como uno de esos novios perfectos que se aparecen en la casa con flores. De esos que, si hubiera hecho una lista, cumpliría con todo lo básico requerido; haría chistes con mi papá, se llevaría muy bien con mis cuñados, entendería el humor de mi hermano, sería detallista con mi mamá, compartiría las vacaciones familiares y aportaría una conversación inteligente aunque ligera sólo para hacer pasar a los demás un buen rato. Tendría un buen trabajo, ganaría bien y sin pretensiones, mis amigas lo amarían. Es el típico personaje que aún teniéndolo todo, no lo querrías. Porque uno es así – encuentra el punto en la pared: “no sé, falta algo, creo que no somos tan compatibles”.

Fue duro, exigente, extenuante; como lo es siempre tratar de entender qué hay de malo en un año que vino con trabajo, bodas, viajes, oportunidades.

Y entenderlo fue parte del problema, sobre todo cuando la pasamos bien. Ahora ya no hay tiempo, es hora de decirle adiós y, como con ese novio perfecto, el script está hecho: “No eres tú, soy yo. Gracias por darme lo que necesitaba, no lo que quería. Gracias por decirme todos los días que el que pedalea no se cae”

A todos los que me leen, ¡Feliz 2015! Que la vida les traiga tanto valor como el que generen para otros.

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Sacar la piedra

No estoy segura si es un colombianismo o es uno de esos conceptos (sic) que, como el origen de las arepas, nos disputamos en la región. Sin importar con qué acento venga, lo relevante está en la intensidad y el poder con el que se dice porque eso es lo que le da el significado.  Me atrevería a asegurar que esa frase es casi una onomatopeya de todo aquel que se molesta o le da una particular y sentida rabia.

Yo soy de esas que cuando se enoja, se le nota. A mí hay cosas que me enfurecen; y si hemos hablado alguna vez, esto no será una sorpresa. Una amiga lo mencionó en una llamada y ahí decidí que tal característica de mi personalidad merecía su propia lista.

Con ustedes, los 10 temas que me sacan la piedra con más frecuencia:

  1. Que me pidan que no pelee o que no me enoje. Inmediatamente me dan ganas de hacer todo lo contrario e incluir a la persona que lo dijo en el caldero.
  2. Que quieran discutir ciertos temas, no tengan argumentos suficientes y terminen gritando. Siempre he pensado que si hay que cazar peleas, toca ir bien armado.
  3. Las viejas bobas y sin gracia que dañan el ambiente. No se necesita ser súper inteligente, ni la más bonita; es más, muchas veces ni siquiera queremos que conversen. Con que hagan buena cara, es suficiente.
  4. Todo aquel que estorbe, no importa en qué ambiente sea.
  5. El/La que cree que te está haciendo un favor y se indigna cuando no le das las gracias.
  6. Los aduladores y lagartos.
  7. Las llamadas a las 12 de la noche de un número equivocado.
  8. Las filas eternas y larguísimas en el banco o supermercado porque sólo se está atendiendo en una caja. Cuando preguntas amablemente si pueden abrir otra, se niegan. En general, toda actitud burocrática o de oficina gubernamental del siglo pasado, me molesta.
  9. El drama en todos sus formatos y presentaciones.
  10. Llamar a cualquier call center. Esa es la única furia que expreso al final de la conversación porque ya aprendí que los pobres señores que contestan no tienen todas las respuestas a mis preguntas. Pelear con ellos sólo alimenta el mal genio y me hace perder el tiempo.

Como siempre, la lista está abierta a complementos, opiniones y desacuerdos.

Desahóguense con confianza en los comentarios.

En modo aleatorio.

Tengo muchas cosas en qué pensar últimamente y la verdad, estoy medio enredada. Más que medio: completamente enredada.

Así que facilitaré el proceso de entendimiento y me dedicaré únicamente a escribir lo que pasa por la cabeza; con el deseo (infantil) de que una vez estén puestas en algún lugar, mágicamente dejen de importar – o por lo menos, no me quiten más tiempo.

De esto se compone mi estambre mental:

  • ¿Por qué quisiéramos que los 30 fueron los nuevos 20? 
  • Si es cierto que lo que te choca te checa, tengo que dejar de quejarme de las tontas.
  • Eventualmente debo desarrollar un post sobre la incongruencia de los formatos actuales y nuestras formas de pensar. (Este artículo del New York Times es el culpable.)
  • ¿Por qué no siento ese nacionalismo típico de las personas que viven lejos de su país?
  • Todavía queda gente en el mundo (y de mi generación) que no se puede encontrar en Google. No sé si dar las gracias al cielo por eso o hacer cara de, “¿en qué mundo vives?”.
  • Creo que debo tratar de no dar tantas opiniones en eventos sociales. Es difícil hacer amigas de esta manera.
  • Llevo un año sin ver televisión y no me hace falta. Es más, verla en otras casas me desespera un poco, sobre todo por los comerciales.
  • Después de millones de años, sigo sin entender el “te llamo” que nunca llega.
  • Generalizar es adictivo. No se debe hacer. Pero hay veces que las circunstancias no te dejan en paz y te dan la razón de lo que secretamente piensas y no es políticamente correcto enunciar. Para eso, entre otras cosas, existen las hermanas; sólo con ellas generalizaré de ahora en adelante.

Creo que eso es todo. Los comentarios, como siempre, serán bienvenidos.

 

La de hace 10 años.

Hay personas que saben intervenir en la temática semanal de otros; ese espacio donde todo lo que te rodea tiene el mismo mensaje y sabes que, de no ponerle atención, la vida se encargará de gritártelo hasta que le dediques dos minutos a pensarlo. Fue así como hace una semana, Diana, haciendo de catalizadora en mi propia temática, lanzó en el tráfico lo siguiente: “si te encontraras con la Lu de hace 10 años, ¿qué le dirías?”. Le contesté lo primero que me vino a la cabeza, para después encadenar una frase con otra y no poder dejar de pensar y hablar del tema. ¡Tantas cosas -desordenadas- que decirle!

Así que, querida Diana, si me encontrara con la Lu de 20 años ahora, con las ideas decantadas, le diría que todo hace sentido con el tiempo y que los momentos no tan agradables le servirán en el futuro para manejar situaciones complicadas. De todas maneras, de eso no habrá mucho porque la vida será generosa y le regalaré 10 años de felicidad en una ciudad que sentirá propia, con amigos diversos y cercanos al corazón. 

Estoy segura que de contarle que eventualmente llegaría a verse como lo pensó – en una sala grande, exponiendo estrategias, con gente atenta- se alegraría mucho. Y es que teníamos ese sueño desde los 17 y no veíamos la hora de crecer y de hacer que lo que pensábamos valiera la pena. Tendría que avisarle que a los 30 me siento grande, pero no me veo tanto y eso creo que la decepcionaría un poco. 

Si esa Lu estuviera frente a mí, sabría, sin decirle una sola palabra, que todavía no ha llegado una historia de amor definitiva; y antes de que saltara a cualquier conclusión, sin contarle muchos detalles, me tomaría el tiempo para que supiera que las historias que vienen para ella serán increíbles. Que no fueran los hombres de la vida, no significa que no fueran personas lindas y encantadoras. Eso me llevaría a que supiera que el amor será un tema constante (e intenso) de lo que hablará casi todo el tiempo. 

Le pediría que recordara muy bien esas clases de Lectura, Escritura y Filosofía de la Cultura en la universidad, porque después será muy complicado desenterrar esos conceptos que tanto me sirven ahora y que hubiera estado bien tenerlos más presentes. 

Por último, le diría que lo mejor está por venir, para ella y para mí y que es momento de vivir lo que hay con quién está cerca, porque la nostalgia, si la dejas, gana terreno por minuto; que así como ella es feliz a los 20, también será feliz a los 30 y que estoy segura que si nos encontráramos con la Lu de los 40, vendría a decirnos exactamente lo mismo.

Así que habiendo administrado mi temática de la semana, me preparo para celebrar una edad que esperé por algún tiempo, dándole las gracias a la vida por todo lo bueno que me ha pasado y con la tarea firme de establecer una visión de mí para los próximos 10 años.

Como cada 2 de octubre, si pasan por acá, lancen un buen deseo al aire para que lo que venga sea igual de maravilloso a lo que ya fue. Prometo corresponderles cuando llegue el momento.

 

Kilos (y palabras) de más.

Soy de esas mujeres que siempre ha tenido kilos adicionales. A veces menos y otras, muchos más, como ahora. Tener el cuerpo perfecto es un ideal sin acciones; sé que si lo quisiera de verdad, debería comprometerme en serio, cosa que no ha pasado hasta el momento.

Así, en un sube-y-baja eterno, he vivido los últimos 15 años y debo confesar que el peso ha sido un tema recurrente; 1) por cómo me veo, 2) por lo que creo que los demás piensan de mí, 3) por salud – esta última es nueva. Quisiera ser de esas que afirman que esos kilos no la han afectado y que vive la vida haciendo caso omiso de los ideales de belleza. Pero no. Esa no soy yo.

Podrían clasificarme en ese grupo de “gordas ofendidas” que criticaron el artículo de La Azcárate por envidia; porque ella, flaca, es de las que cree que a una gorda nadie la quiere, como lo afirma en su show de stand-up comedy. La consecuencia natural de cualquier ofendida, es decir “mi caso”, sería rasgarse las vestiduras y demostrarle que a pesar de los kilos, sí me han querido, amado, adorado; que he vivido a plenitud y que uno puede ser feliz como sea porque está cómodo con uno, como lo escribió Camila Vera en su respuesta.

Las indignaciones -tweets, posts y demás – van y vienen entre lo que es correcto decir y lo que realmente pensamos. No perderé el tiempo contándoles por qué La Azcárate sobrepasa los límites posibles de estupidez. Tampoco repetiré ciertos clichés del tipo “lo primordial es la belleza interior” o “todos somos bonitos de diferentes maneras” porque sabemos que es falso: la belleza – representada en un cuerpo de dimensiones específicas – importa y mucho. Lo que me cuestiona cada vez más es ¿Para qué importa?

Entiendo que el que vive de la imagen tenga que cumplir ciertos requisitos; admito que ciertos kilos de menos te hacen sentir mejor; comprendo perfectamente las implicaciones de salud que existen en el sobrepeso. Lo que no puedo aceptar es que para ser considerada mujer y que me traten con respeto y sin burla, tenga que verme de cierta manera. Y es aquí cuando confirmo que la belleza – esa que consideramos única- está sobrevalorada. Le dimos el poder de ser la llave de la felicidad, como si verse “así” nos trajera la vida soñada. Lo permitimos, nos creemos el cuento, le damos legitimidad a las Azcárates del mundo para que esos mensajes suban en la escala de valor y después, nos indignamos con un artículo. ¿Cómo entenderlo?

(20) Razones (más) para amar el DF (II)

Hace mucho más de un año escribí algunas razones por las que era feliz viviendo en el DF. En ese entonces, hice la promesa de agregar otros items porque estaba segura  de que la lista era corta. Después de cumplir más de 6 años acá y seguir enamorada de esta ciudad al punto de considerarla propia, publico 20 motivos adicionales que espero disfruten.

  1. Las jacarandas. Mi amigo Daniel las mencionó en el post pasado, pero fue hasta esta primavera que supe qué es lo que más me gusta de verlas florecer: la gente se sorprende de su belleza y las admira cada año con la misma novedad.
  2. Las fiestas nacionales (culturales, religiosas, políticas etc.) – Siempre hay un motivo para celebrar con fervor y una excusa para dejar la dieta de lado cada mes.
  3. Las bibliotecas y librerías. Hace poco leí que El Péndulo en Polanco está considerada entre las librerías más importantes del mundo por su diseño. Si me preguntan, mi preferida es la Rosario Castellanos en La Condesa.
  4. La cantidad de rutas aéreas que llegan y salen del Aeropuerto Benito Juárez – hacen posible viajar a cualquier lugar del mundo, fácilmente.
  5. Los mil y un lugares donde venden buen mezcal.
  6. El ambiente de aceptación a los que piensan, actúan y se ven diferentes a la mayoría. Seguramente algunos me dirán que esto no es cierto, pero en los últimos meses muchos mexicanos me han demostrado su capacidad para respetar las decisiones de los demás.
  7. El Mercado de San Juan, perfecto para ir a comprar pescados frescos desde muy temprano.
  8. La Calle de las Lámparas en el Centro Histórico. En general, me gusta que el DF tiene calles especializadas en todo.
  9. La capacidad para hacer propio – mexicano – cualquier comida internacional. Creo que este es el único lugar donde se venden chiles toreados en un restaurante chino.
  10. Los conciertos – pagados, gratuitos, en foros pequeños o espacios enormes- que hay todas las semanas.
  11. El ponqué de cajeta de La Casita.
  12. La posibilidad de ir a cualquier hora a cine y encontrar boletos disponibles casi para todas las películas.
  13. La solidaridad con la que los mexicanos acompañan a aquellos que están sufriendo, tienen una pena de amor o han perdido a alguien.
  14. Lo cursi que se pone el ambiente cuando es 14 de febrero o Día de la Madre.
  15. Las casas en Coyoacán, La Roma, Las Lomas y San Ángel. De diferente arquitectura e igualmente soñadas.
  16. La Fonoteca Nacional: por el plan cultural y sus jardines.
  17. El remate de libros en el Auditorio Nacional y la felicidad de ver que no le cabe un alma. Si la gente no está leyendo, por lo menos tiene la intención y eso es un buen comienzo.
  18. Las exposiciones y conciertos que organizan en El Museo de Bellas Artes, La Sala Nezahualcóyotl y el Palacio Nacional. En general, me gusta mucho el interés que los mexicanos muestran por la cultura, sin importar de dónde provenga. Hay un público cautivo tanto para escuchar a la Sinfónica de Minería, la instalación de Raíces afuera del Museo Nacional de Arte como para ver un performance dentro de un centro comunitario en Tepito.
  19. Sobreviven todavía muchos cafés de esquina que guardan recetas de años y que exacerban el sentimiento local -casi cómodo- de pertenecer a una comunidad conocida, en una de las ciudades más grandes del mundo.
  20. La importancia de la cocina (el lugar físico y la comida) y todo lo que sucede alrededor de ella. Te hace sentir inmediatamente en casa.

Si tienen más razones que quieran sumar como en el post anterior, los comentarios serán bienvenidos.

Fatum, Ananké o Moira.

Hablar sobre el destino siempre es complicado: mi educación católica se contrapone al hecho de creer en lecturas de manos, tarot, cartas astrales, signos; de vivir entre el pensar que todo lo que pasa debe ser lógico y sentir que hay algo más allá que debo alcanzar sólo por el hecho de estar viva.

Pues bien; balanceándome entre dualidades -algo a lo que me he acostumbrado-, descubrí que verbalizando mis preguntas frente a personas con diferentes  bagajes y creencias, podría encontrar una respuesta que no sólo me convenciera sino que también me dejara tranquila.

Así que si me preguntan por el destino, esto es lo que creo:

Todos nacimos con una misión en la vida, que alimenta la gran misión que tenemos como sociedad. No se crea por azar ni tampoco surge de la nada; responde a una evolución del ¿alma? (no sé si deba llamarse así, pero no tengo otra palabra). Todo tiene una causa, y si así es, estaba predestinada a existir desde el momento en que la causa surgió. 

Pienso en este momento en cualquier suceso importante de mi vida y todo lo que la precedió. Podría haber obrado diferente; podría pensar en cualquier cantidad de suposiciones sobre las miles de opciones que tenía. Pero la verdad es que no sucedieron, son sólo ilusiones.  La decisión que tomé me llevó hasta donde estoy ahora por una de los tantas vías que hubieran podido ser.   

Volviendo a la misión: estoy segura que “todos los caminos conducen a Roma” y creo que lo que hacemos nos lleva a cumplir esta misión como destino. El libre albedrío llega para darnos la libertad de escoger como vivir ese camino. Podemos luchar contra él, ignorar lo que debemos hacer, perder el tiempo, hacernos los sordos o aceptar y entender que en este espacio de tiempo – que es nuestra vida – tenemos la oportunidad de ser felices como opción y disfrutar el andar. De todas maneras, si no lo hacemos, llegaremos al mismo punto tarde o temprano. La diferencia está en el tiempo que te tardas, la calidad del sendero, la lucha lógica que te impide sentir lo que sucede alrededor. Es como ir de un punto A al B en línea recta o tomar todos los recovecos posibles.

Ahora, sobre el “disfrutar el camino”, me refiero a vivirlo con intensidad, pase lo que pase, como lo hacemos cuando vemos o leemos una historia. Si pensáramos que, como protagonistas, debemos pasar por ciertas etapas (prohibición, transgresión, complicidad, mediación, aceptación, pruebas, luchas etc.) para alcanzar lo que queremos, podríamos sentir plenamente y con mayor conciencia el dolor, la tristeza, la alegría, el desengaño, la caridad, la empatía etc., como parte de un proceso. Entenderlo y vivirlo me hace feliz, me hace sentir viva y con sentido. 

Es posible que haya muchas inconsistencias o áreas grises sin explicación en esto que acabo de decir y la lista de “conceptos” que debo aterrizar en esta idea todavía es muy grande. No puedo pensar que ya haya descubierto (¿mi?) la verdad sobre todas las cosas; sin embargo, es lo que pasa hoy en mi vida y me gusta saber que es esto en lo que creo.

Un 23, 6 después.

Muchos se saben la historia: estaba aburrida en Bogotá, apareció una buena oportunidad laboral y después de una entrevista telefónica en Navidad, me despedí de mis amigos y llegué al DF.

No puedo decir que fue amor a primera vista – ya había estado en México antes y, la verdad, tuvimos un comienzo difícil. Sin embargo, como buen enamorado que aún guarda esperanzas, la ciudad me convenció con 1,290 motivos* (hasta hoy) para que la quisiera un día a la vez.  Inteligente, supo jugar sus cartas: le mostró a la razón, primero, las posibilidades de lo que podría ser mi vida para después suspirarle al corazón olores, sonidos, imágenes y sobre todo, sabores totalmente encantadores. No hay marcha atrás cuando te conquistan de esta manera.

El 6º aniversario de esta decisión cae en una fecha simpática y curiosa, por decir lo menos: en 2012 – un año de transición que empezó particularmente enérgico, con 29 años y el Retorno de Saturno, el mismo día que empieza el Año Chino (con Dragón incluido como Sui Po para un Perro como yo). No voy a intensear con el análisis de significado, básicamente todo se resume en cambios – transformaciones- espacios para nuevos tiempos.

Volver a empezar, ese será el leit motiv para los días por venir. Voy a disfrutar el remolino inminente y dejaré que me lleve hasta donde tenga que ir; entenderé que llevo años pensando en millones de cosas y que ha llegado el momento de darle una tregua a mi cabeza; honraré el 23 de enero – el día en que dejé todo lo que quería, empaqué dos maletas y empecé de nuevo – para no olvidar que los cambios siempre traen algo bueno. Más que bueno: me trajo a esta ciudad que considero propia.

 

 

*Aquí encontrarán algunas de ellas: 30 razones para amar el DF. 

 

Cuéntame una mentira.

Las suposiciones, los sentimientos entre dos y el dolor.

En el discurso general, las personas dicen que prefieren saber la verdad de las cosas antes que vivir engañadas. En lo particular, creo que muy pocos podrían soportar la realidad tal cual fue (o es); sobre todo, si hay involucrados sentimientos o concepciones de quiénes somos y lo que queremos.

Creo que hay situaciones de las que no podemos salir sin sentirnos mal; no importa si nos cuentan la verdad al instante- sí, eres tú, no me gustas lo suficiente y te cambié por otra, por ejemplo – o si nos engañan un rato, te enteras que todo el mundo lo sabía y al final nos terminamos dando cuenta.

Si ésta es la circunstancia y tuviera que elegir entre esas dos opciones,  pediría una esquina: cuéntame una mentira tonta que insulte mi inteligencia. Así sabré que la verdad que quieres decirme me herirá (así no quieras), pero que tienes los suficientes pantalones para no involucrar a otros y hacerlos decidir por tí. El dolor lo manejaremos como una historia de dos. Como siempre debe ser.

El retorno del Señor de los Anillos

Cada 28-29 años aproximadamente, ocurre el retorno de Saturno.  El Señor de los Anillos, como se le llama comúnmente a este planeta, vuelve a la posición que estaba en el día del nacimiento, estipulando una transformación en ciertos contextos y aspectos importantes de la persona que lo vive. Por lo general, este periodo se caracteriza por la duda, reflexión, seriedad y conciencia de lo que somos y queremos ser en el futuro.

Unos días antes de mi cumpleaños, tuve tiempo para pensar de sobra y conversar con personas desconocidas y coyunturales que me ayudaron a poner ciertos temas en perspectiva. Así que, heme aquí, orbitando y en plena transición, con algunas ideas claras, otras un poco confusas y la promesa de compartir lo que he aprendido ahora que llegué a los 29:

  • Las cualidades no discriminan las situaciones. El que es generoso con lo que tiene, también lo será con lo que siente; sucede igual con los defectos.
  • El amor es complicado, porque confundimos el deseo, con el sentimiento y luego, antes de saber qué es lo que queremos, lo encasillamos con un título, que por lo general es de “pareja”. Si entendiéramos que es superior a todo y que podemos y debemos amar a cuántos más sea posible, viviríamos más tranquilos con el tema. No me estoy refiriendo a salir con varios al tiempo, sino a tener conexiones reales, donde la otra persona nos importe de corazón.
  • No hay atajos en la vida; cuando se trata de vivir una experiencia, hay que vivirla completa. Asumirlo, es entender que las situaciones toman su curso, que hay un antes y después, causa y efecto, y que lo que sucede, también pasará. 
  • Pocos remedios en la vida, como un abrazo. A veces, es sólo lo que se necesita.

Seguiría, pero temo que se llenaría de ideas repetidas sobre la felicidad, la trascendencia y ese tipo de conceptos que se ven en libros de autoayuda que, por supuesto, “nadie lee” (¿verdad?). Creo que ese sería mi último punto: se habla de los clichés como mecanismo para estereotipar una situación de la que decimos estar exentos – “yo no soy así, a mí eso no me va a pasar… porque cómo lo sé, lo puedo evitar”. Hasta que pasa. Y nos damos cuenta que aquello que habíamos leído y visto en otros, es real. ¿Mi cliché personal? La belleza, bajo el entendimiento que se tiene realmente, cuando desde adentro se genera.

Como todos los años, agradezco los buenos pensamientos que echen al aire para que cada cumpleaños sea mejor que el anterior; y en este en particular, para que la transición traiga lo que espero. Prometo regresarles los mismos deseos cuando sea su turno.

*Me tomó más de dos meses escribir este post. Una disculpa para quienes esperaban una actualización previa, pero sin sacar este pan del horno, lo demás carecía de sentido.