Para Ana María.

Hay que creer en el amor para que exista.

Hay que permitirle que te sorprenda un día.

Hay que pensar que puede ser posible querer a alguien tanto, como para ir juntos en cualquier camino, por más complicado que sea.

Y una vez que se encuentra ese amor, hay que decidir apostarlo todo con ilusión; acostumbrarse a hablar en plural y hacer planes que tengan sentido para dos.

Hay que dar espacio para el otro en el clóset, la agenda, los planes. Hay que encontrar canciones, espacios, puntos en común (y en discordia) que nos recuerden la razón de estar juntos cuando se olvide.

Pero sobre todo, hay que querer que ese amor funcione para que todo valga la pena.

A Ana María, mi hermana, a quien admiro profundamente. 

31

En unas horas cumplo 31 años y desde el lunes traigo la intensidad de una niña de 7. Sucede cada 2 de octubre y espero que así sea hasta el fin de los tiempos con el único objetivo de que cada año cuente su propia historia.

Desde que era muy chiquita me impresionaba oír a mi papá echando historias con fechas exactas. La imperiosa necesidad de querer imitarlo me cuestionaba si  sería capaz de recordar las anécdotas con detalles específicos cuando creciera. Para compensar la falta de esa habilidad que no heredé, decidí adjudicar tags a cada año con situaciones importantes en donde creo que el camino tomó un rumbo diferente.

La historia de los 30 trajo momentos de libertad y distancias recorridas, la ilusión de ser todopoderosa, nuevas categorías de definición, voluntades indomables (¿me han visto brava? Si es así, lo entenderán), amistades nuevas, viejas y de paso; la certeza de que lo quiero todo porque estoy dispuesta a recibirlo. Mañana llego con algunas arrugas, normales en quien hace caras y sonríe desde el corazón; segura, así el mundo diga lo contrario, que no hay nada mejor en la vida que bailar, y convencida de que para llegar lejos siempre es mejor hacerlo con alguien más.

Si este próximo año resulta levemente parecido al anterior, la historia que contaré cuando sea viejita será realmente divertida.

Como todos los años, agradezco infinitamente los buenos deseos y desde el fondo de mi alma, espero que tengan una vida tan feliz como ha sido la mía hasta hoy.

Gloria

Pierdo algunos años cuando subo a un avión y vuelvo a ser esa adolescente promedio que imagina que a su lado se sentará el hombre más interesante de todo el aeropuerto. Justo ese al que las demás mujeres escanearon cuando anunciaron su fila y se presentó en el mostrador. La probabilidad de que eso suceda es menor si hay que viajar más millas (el avión es más grande, más asientos, en fin, hagan la cuenta). Por eso mismo cuando viajé a Colombia, sólo crucé los dedos y esperé que si no estaba ese personaje al lado, me tocara la silla del medio vacía.

Y así fue. Sólo que al lado de la silla vacía estaba Gloria, una señora con ganas de conversar. No le puedo poner el “Doña” antes del nombre porque me dijo que así le decían a su mamá y, ¿quién era ella para quitarle su lugar? Necesité unos pocos minutos para saber que tendría la mejor compañía durante las próximas horas de vuelo.

Después de preguntarme nombre y apellidos, saber de donde venía e identificar a mis abuelos, me contó la razón por la que estaba en México: El amor de ahora vive en Mérida. Lo conoció por un amigo en común que tiene un lugar de trova en el que coincidieron. Su relación la mantuvo en secreto un tiempo por sus hijas, no porque la criticaran, sino por una cuestión inexplicable. “¿Cómo les iba a decir que me escribía con un extraño? Yo sabía que teníamos algo pero no sabía cuando lo volvería a ver. A esta edad es complica’o decir estamos saliendo (como lo hacen ustedes) sin uno tener claro qué es. Así qué era mejor no contar”

Gloria creó una oficina de promoción de la cultura méxico-ecuatoriana, que organiza ferias del libro como principal actividad. Eso le permite viajar a México con frecuencia y, obviamente, ver a su novio. Cuando le pregunté porque no vivía con él su respuesta fue clara: “Ay mi’jita, de Cartagena me fui pa’ Ecuador porque me enamoré de un militar que bailaba bien. Eso fue suficiente pa’ que decidiera formar una familia. Tenía 19 y la idea de compartirlo todo era fascinante. Ahora con 78 tengo mi espacio y lo disfruto. Aprendí que al amor no hay que ponerle tantas condiciones, porque con el peso de esos sacrificios se muere. Él allá, yo acá; nos escribimos y nos vemos cuando podemos y así somos felices”. En ese momento nos anunciaron que aterrizaríamos en El Salvador y que no llegaríamos a nuestro destino por culpa de la tormenta. Sabiendo que la logística en el aeropuerto sería complicada y que probablemente no la volvería a ver, le pedí antes de pasar a migración que si podía escribir un poco de su historia. Sonriendo dijo que sí con una condición: debía enseñarle a usar Facebook para que por ahí fuéramos amigas. La noche fue complicada, llovió hasta el cansancio, no hubo luz y mucho menos Internet, así que me quedó pendiente la tarea. Hoy, después de más de un mes de haberla conocido, respondió por mail que había recibido las instrucciones para abrir su cuenta y que pronto seríamos amigas.

“Mi’jita, sólo le digo una cosa, lo baila’o nadie me lo quita. Lo baila’o literalmente hablando. Mi hija me regaño anoche por llegar de la Feria de Valladolid a las 2am y no haber dejado la maleta lista pa’ viajar. Le dije, hija, cada minuto bailado es una celebración de la suerte que tengo. A esta edad ya debería tener la cadera rota y el ánimo cansado; en cambio, tengo un novio que me toma de la mano y me dice palabras lindas al oído. Eso es lo que realmente importa. Acá entre las dos – dijo bajando la voz ese día en el avión- creo que eso es lo que me ha traído tantas cosas buenas; ¿haber encontrado el amor dos veces en una pista no es suficiente prueba?”

Ella no sabía a quien se lo decía. Por lo pronto, yo seguiré esperando que, como a Gloria, la dicha de aquella que baila me acompañe.

Los días que faltan.

Tengo una familia que mide el tiempo por los días que faltan para estar juntos y que cuando son muchos, decide inventar excusas para reunirse antes.

De todas las cosas por las que debo estar agradecida con la vida, esta se convierte en una de las más especiales; no sólo por la emotividad del gesto, sino porque explica muy bien lo que hasta ahora era complicado de definir: el amor que todo lo puede.

No me refiero a ese amor por el que muchas veces en su nombre, cometemos estupideces o al que sobreexplotamos en fechas especiales; me refiero a ese amor-todopoderoso que se creo para enseñarnos que hay algo más grande que nosotros mismos.

En esa declaración (Inventemos excusas para estar juntos) cabe todo lo que quiero para mí en un futuro: un amor deseado, donde el compromiso surja de  los pretextos para incluirnos en la vida del otro, en el que el mundo sea simplemente el lugar que compartimos y no una limitante, porque por más grande que sea, siempre encontraremos una forma de estar presentes. En resumen, un amor que trae el sí por delante.

Entre un “puedo hacer lo quiera”…

… Y el consabido “la resaca me va a matar mañana, mejor evitémoslo“; aprendí que hay tres formas de cangrejear.

La primera es la que empieza con un poco de esperanza, porque hay buenos sentimientos de por medio y tienes la duda de que depronto la vez anterior no funcionó por un problema de disponibilidad, tiempo o coincidencias.

En la segunda ya sabes que nada tiene sentido, pero se vuelven a ver sólo para confirmarlo, porque quisieras con el corazón que fueran el uno para el otro y necesitas reforzar las razones por las que no lo son.

La tercera, la vencida, es aquella en la que amordazas al instinto, revisas mil veces los hechos, intentas callar las voces que gritan que no lo hagas y de todas maneras caes porque decides creer.

De las tres, la última es la peor porque no hay nada más estúpido que demostrarle a alguien que uno no aprende.

Zapatos de cristal

Todos los cuentos tradicionales empiezan con un había una vez…, y este no será la excepción. Como la historia la contaré yo, podrías suponer que preferiré representar a la mujer-doncella-en apuros y ese será el primer error: yo seré la (¿él?) hada madrina. La responsable de no dejarle espacio a la adversidad o al orgullo. La que hace que las cosas pasen; que cree en el amor, lo cuenta y lo entiende. Si lo piensas bien, ese siempre ha sido mi papel. Ahora recuérdalo, porque esta es la única razón por la que hoy estoy escribiendo.

La conociste por azares del destino (¿Acaso el enamoramiento no es más que una coyuntura de dos realidades?). Le pediste un abrazo en un momento crucial, y ella, que tiene una personalidad libre y abierta, te lo dio sin conocerte. Debo decir que eres guapo y eso seguramente ayudó. Los detalles de lo que vino después no los sé y me parecen irrelevantes. Lo crucial aquí es que repetiste la historia de siempre: dejaste al azar lo que hubiera podido ser una muy buena historia de amor. Ella era linda, lo sabes, y hubiera podido hacerte feliz -en pasado, porque ahora le gusta alguien más y eso ni siquiera te lo debería contar, pero lo hago, para que sepas que aquí ya perdiste tu oportunidad.

Ahora pienso que te gusta el hecho de actuar indiferente y que la situación tome el curso que le de la gana, porque es más fácil y arriesgas menos. Cuando me encontré un papel que decía “quiero alguien que me cuide y quiera como tú” , me pareció preciso aclarar varios puntos, porque sé que me lees. Lo primero, no pretendas construir un amor que gire a tu alrededor; posiblemente puedas tener relaciones de ese tipo, pero tarde o temprano fracasarán. Segundo, si lo quisieras con tantas ahínco, estarías en el camino para conseguirlo – en uno mental, por lo menos. A veces las ganas es lo único que se necesita. Tercero y último: repetir la misma situación una tras otra, no hará que el resultado cambie. Es de las pocas veces que no aplica el “la práctica hace al maestro”. En tu caso, la práctica sólo hace que pierdas el tiempo… y mira que no eres joven, pero eso ya lo sabes también.

Digo todo esto porque, antes de decir adiós, te conté sobre la bruja que robaba los corazones para que la gente no pudiera amar. Qué pesar que yo no sea ella; las brujas -buenas- siempre lanzan “maldiciones” para que la otra persona entienda o aprenda lecciones de vida; y yo, por más que intentaba explicarte que el amor no funciona a punta de caprichos, no lo logré. Tal vez uno de esos hechizos hubiera servido. Ahora, como pedí ser hada en esta ocasión, lo único que me queda para darte es un deseo: tienes el permiso de salir con aquella a quién tanto esperas. Cuando estés al frente, olvidarás el pasado y todo lo que antes no te permitía buscarla. La podrás enamorar y así empezar de nuevo. ¡Sólo hazlo con cuidado! Recuerda que a todas las mujeres no les queda el mismo zapato.

[Inserte aquí su historia de amor]

No hay nada más fascinante que contar una historia de amor, así sea la de alguien más.

Los que pasan por acá se habrán dado cuenta que hay una categoría que se llama Cuentos de otros, donde pretendo -o por lo menos,  intento- agrupar todas las historias de amor reales que me sé. La idea es que no vivamos únicamente del romanticismo de las películas domingueras, sino que estas historias  nos confirmen la posibilidad de enamorarnos por lo menos una vez en la vida, sin el recurso de la protagonista estilo Cenicienta (aplica para los hombres, igualmente) tan usado en el tiempo. La explicación, para no repetirla, la pueden encontrar aquí.

Pues bien, esta categoría ha permanecido abandonada por algunos meses, porque no he encontrado historias con el permiso de contar. En mi opinión, quién encuentra el amor verdadero (que no es igual al eterno y con el que al final se casan) debería tener la obligación de compartirlo con los demás, en agradecimiento a la causalidad de la que fue parte; ¿Saben lo dificil que es encontrar a alguien así? ¿La probabilidad de toparse en el momento indicado? Nada en el mundo es gratis y son pocas las veces que se paga un precio justo. Así que acá pueden encontrar una ventana para pagar su peaje: si tienen una historia inspiradora, que crean que el mundo (de Luciana) deba saber por lo especial que es o fue, dejen un comentario abajo para poder contactarlos.

La idea es que nos podamos sentar a conversar un rato, así que sólo es necesario que me cuenten un resumen en el correo, para que después la desarrollemos juntos. Toda confidencialidad será guardada y los nombres, cambiados, si eso se requiere.

Estaré esperando sus historias.

28 de diciembre

Toda historia tiene una introducción

Ella vivía sola, estaba cansada después de las celebraciones de Navidad y quería llegar a la casa a hacer lo que más le gustaba: disfrutar de su cama, prender la televisión y comer palomitas de microondas, mientras hacía maletas para irse de viaje al otro día.

Su plan se vió cancelado y sin saber cómo, terminó en una cena con una de sus amigas y el grupo con el que regularmente salían de fiesta – y que ella había visto un par de veces.

Llegó a donde era la cena sin saber que uno de los invitados era un antiguo date que se había comportado terriblemente en el pasado y al que claramente no quería ver. Al principio pensó que lo podría soportar, ignorándolo, pero él simplemente llenaba el espacio de toda la sala. No aguantó más y empezó a hacer conversación al lado con el primer personaje que se le apareció, en parte para mostrarle su poca importancia y otro tanto para hacerse la interesante.

La cena estaba aburridísima y el vecino de asiento preguntó si no era hora de salir y tomar algo. Ella extendió la invitación al resto de los que estaban en la sala que, acomodados como estaban, decidieron quedarse. Los dos agarraron sus cosas, salieron a la calle y se fueron de fiesta.

Él no tomaba ni bailaba, pero compensaba el tiempo con un muy buen humor. Ella bailó y tomó como si no hubiera un mañana. Terminaron en su casa; Ella con la idea de un “si te veo luego no me acordaré” y Él pensando en la suerte que lo acompañaba esa noche.

Se levantaron de prisa, Ella no había terminado su maleta  y Él tenía que irse a trabajar. Él la dejó en el aeropuerto, “por solidaridad, es imposible conseguir un taxi a esta hora” -se convenció Ella- y no supieron más el uno del otro por cinco días. Ella pensó en voz bajita en Él de repente y se regañó diciendo que nada bueno podría salir de esa noche. Volvió a su apartamento “el 2 de enero” como le contestó a Él cuando preguntó antes de bajarse del carro ese día. Delante de su puerta había una bolsa con jugo de naranja, queso, pan, mantequilla, café y una nota que decía “Para que la próxima vez pueda hacerte el desayuno”.

Ellos están juntos desde el 28 de diciembre del 2008

7 de agosto

A mí no me digan que el amor no existe, porque yo sí lo he visto.  Y no me refiero precisamente a ese que aparece en los cuentos infantiles, donde sólo tienen que vencer un problema y ser felices para siempre. Hablo de aquel que surge entre dos personas completamente diferentes, en un evento coincidente y donde ninguno de los dos pensó que encontraría al otro y mucho menos que duraría tanto. Ese amor infinito, bueno, tolerante y paciente; que todo lo entiende y que construye sobre los errores olvidados cuando se pide perdón de corazón. Sí, ese sentimiento lo conozco. Fue el mismo que me enseñó que cuando de verdad te importa alguien haces lo que sea por él, porque en el amor y en la guerra todo se vale.

Nací y crecí en ese ambiente en el que las promesas se cumplen y los anillos son una representación del compromiso y no sólo el recordatorio de una fecha, entonces no me pidan que no crea.  He visto las buenas, malas, divertidas y dificiles situaciones de ese amor que sólo crece con cada año que celebran juntos. Nadie más que yo lo ha visto desde el principio y ha disfrutado más que cualquiera, esos momentos.

Me ha tocado estar cuando se alejan y conversan por el teléfono mil horas hasta quedarse dormidos, oir como uno se preocupa por el otro, si comió, llegó bien a la casa o sigue con gripa; y la emoción de saber que ya casi vuelve y subirán juntos a otro avión para compensar el tiempo perdido. Él hace la maleta por los dos y le tiene una sorpresa, ella corre entre las filas de inmigración para no perder el vuelo y abrazarlo lo antes posible. Así están de conectados que cada uno tiene en el bolsillo exactamente el mismo regalo para el otro. Mismo anillo, material y empaque.

Entonces, una vez más, no me hagan pensar que fue la suerte de aquellos o que es sólo una coincidencia que pocos logran vivir;  porque no concebiría un futuro con alguien que no fuera así, que no entendiera que ese amor es posible, que está guardado sólo para los que creen y son lo suficientemente pacientes para esperarlo.

¡Feliz aniversario, Sr y Sra S! Que la vida les traiga todo lo bueno, repetido mil veces.

Too little, too late

No es suficiente con que te digan que te aman y te adoran; que además afirmen que eres la mujer (o el hombre) más increible del mundo y que darían lo que fuera por estar cerca a ti, si todo esto se reduce a un mensaje por celular y un appointment más en la agenda. Por lo menos no en mi caso.

Entonces, la próxima vez que decidan decirle a alguien lo mucho que la(o) quieren, fírmenlo; y cuando conversen, que no sea porque están desocupados y les pareció lindo hablar con alguien que seguramente les pondrá atención. Por favor, no usen el  no quiero hacerte daño, porque con eso ya están afirmando que lo harán; además de que se oye pésimo y nadie se lo cree ya. Por último, no tienten al tiempo, porque abusar de la paciencia del otro es sólo un claro indicio de qué tan egoista puedes ser.