2014

El 2014 fue como uno de esos novios perfectos que se aparecen en la casa con flores. De esos que, si hubiera hecho una lista, cumpliría con todo lo básico requerido; haría chistes con mi papá, se llevaría muy bien con mis cuñados, entendería el humor de mi hermano, sería detallista con mi mamá, compartiría las vacaciones familiares y aportaría una conversación inteligente aunque ligera sólo para hacer pasar a los demás un buen rato. Tendría un buen trabajo, ganaría bien y sin pretensiones, mis amigas lo amarían. Es el típico personaje que aún teniéndolo todo, no lo querrías. Porque uno es así – encuentra el punto en la pared: “no sé, falta algo, creo que no somos tan compatibles”.

Fue duro, exigente, extenuante; como lo es siempre tratar de entender qué hay de malo en un año que vino con trabajo, bodas, viajes, oportunidades.

Y entenderlo fue parte del problema, sobre todo cuando la pasamos bien. Ahora ya no hay tiempo, es hora de decirle adiós y, como con ese novio perfecto, el script está hecho: “No eres tú, soy yo. Gracias por darme lo que necesitaba, no lo que quería. Gracias por decirme todos los días que el que pedalea no se cae”

A todos los que me leen, ¡Feliz 2015! Que la vida les traiga tanto valor como el que generen para otros.

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Sin traducción

Hay palabras que colecciono por el sólo hecho de no tener una traducción exacta al español. Saudade fue la primera y se quedó conmigo como un hijo único hasta que encontré una libreta donde ir anotándolas. Curiosamente cada palabra -como los libros de mi vida- llegaron en el momento justo donde más sentido tenían. Es es el caso de Age-otori (no sé como se escriba en japonés) que la descubrí cuando me corté el pelo muy cortico por una buena razón pero con un muy mal resultado.

Mamihlapinatapei, en yagán o yamaná, significa “una mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo pero que no saben como dar el primer paso”. Hasta que uno de las dos decide invitar al otro a bailar, a hablar, a viajar; a pensar que una locura puede ser posible. Sin importar cuál sea el resultado, esa será siempre mi palabra preferida del 2013.

De despedirse y otras cuestiones del 2013

Hay mil formas de despedirse y hay otras tantas para lidiar con el hecho de saber que eres el que te quedas. De las dos opciones, sé que es mucho más facil emprender el camino que  ser el que arregla la casa después de la fiesta.

Los que se van están emocionados por lo que viene; los que se quedan extrañan por anticipado el espacio que quedará libre, los momentos que se dejarán de vivir, la cercanía que da contar los sucesos frívolos de todos los días. Si bien los que se van también sienten nostalgia (no estoy demeritando sus sentimientos, también lo he vivido), hay varias cosas por hacer y la adaptación exige tanto tiempo, que la sensación pasa a ser eso-que-llega-cuando-estás-desocupado durante el fin de semana.

Por eso escribo hoy: un síndrome dominguero más sentido que la cruda de una buena fiesta; ese sentimiento de “no hallarte” en ningún lado, tener rabia/sueño/melancolía/desasosiego por días y ni siquiera saber por qué. O si saberlo, pero evitando el tema porque te sientes infantil aceptando que todo esto se debe al que estaba en los números frecuentes. Y entonces llega el fin de semana, nuevos planes, gente diferente, conversaciones interesantes que hacen que extrañar al otro sea menos difícil.

Pensando en los que se fueron y luego de – por fin – empezar el año, llega la primera conciencia del 2013: el corazón sólo necesita tiempo para reacomodarse y aceptar que en los espacios que quedan vacíos las posibilidades son infinitas.

Keep calm and…

Angustia en tiempos navideños: muchos planes, poco tiempo, trabajo hasta el techo, ganas de estar en todas partes y pocas posibilidades de lograrlo, compromisos previos que se agendaron con antelación porque “ya casi es Navidad y seguro todo el mundo ya tiene cosas que hacer”.

Sí, ese es mi estado actual. Hasta ayer. Me di por vencida. No voy a lograrlo y no me importa.

La Navidad/Año Nuevo/Diciembre lo escogí hace muchos años como el tiempo para reconocer cuánto había crecido, visualizar los cambios hechos, definir los próximos y en resumen, saber si había hecho algo con mi vida; en otras palabras, encontrarle un apellido al año que lo marque para no olvidarlo.

A 8 días de diciembre, ya me perdí en el tráfico, los documentos y los deberes, que me mantienen ocupada y con un sentimiento de seguridad que me dice que estoy aprovechando el momento como mejor puedo.  Nada más falso.

Así que aquí hago un alto: hay cosas que realmente merecen mi atención en este momento y que no volverán a pasar; así que a ellas les dedicaré mi corazón y mi cabeza. Para lo demás (fiestas, buenos deseos, comidas, papeleos) tenemos todo el 2013.

La de hace 10 años.

Hay personas que saben intervenir en la temática semanal de otros; ese espacio donde todo lo que te rodea tiene el mismo mensaje y sabes que, de no ponerle atención, la vida se encargará de gritártelo hasta que le dediques dos minutos a pensarlo. Fue así como hace una semana, Diana, haciendo de catalizadora en mi propia temática, lanzó en el tráfico lo siguiente: “si te encontraras con la Lu de hace 10 años, ¿qué le dirías?”. Le contesté lo primero que me vino a la cabeza, para después encadenar una frase con otra y no poder dejar de pensar y hablar del tema. ¡Tantas cosas -desordenadas- que decirle!

Así que, querida Diana, si me encontrara con la Lu de 20 años ahora, con las ideas decantadas, le diría que todo hace sentido con el tiempo y que los momentos no tan agradables le servirán en el futuro para manejar situaciones complicadas. De todas maneras, de eso no habrá mucho porque la vida será generosa y le regalaré 10 años de felicidad en una ciudad que sentirá propia, con amigos diversos y cercanos al corazón. 

Estoy segura que de contarle que eventualmente llegaría a verse como lo pensó – en una sala grande, exponiendo estrategias, con gente atenta- se alegraría mucho. Y es que teníamos ese sueño desde los 17 y no veíamos la hora de crecer y de hacer que lo que pensábamos valiera la pena. Tendría que avisarle que a los 30 me siento grande, pero no me veo tanto y eso creo que la decepcionaría un poco. 

Si esa Lu estuviera frente a mí, sabría, sin decirle una sola palabra, que todavía no ha llegado una historia de amor definitiva; y antes de que saltara a cualquier conclusión, sin contarle muchos detalles, me tomaría el tiempo para que supiera que las historias que vienen para ella serán increíbles. Que no fueran los hombres de la vida, no significa que no fueran personas lindas y encantadoras. Eso me llevaría a que supiera que el amor será un tema constante (e intenso) de lo que hablará casi todo el tiempo. 

Le pediría que recordara muy bien esas clases de Lectura, Escritura y Filosofía de la Cultura en la universidad, porque después será muy complicado desenterrar esos conceptos que tanto me sirven ahora y que hubiera estado bien tenerlos más presentes. 

Por último, le diría que lo mejor está por venir, para ella y para mí y que es momento de vivir lo que hay con quién está cerca, porque la nostalgia, si la dejas, gana terreno por minuto; que así como ella es feliz a los 20, también será feliz a los 30 y que estoy segura que si nos encontráramos con la Lu de los 40, vendría a decirnos exactamente lo mismo.

Así que habiendo administrado mi temática de la semana, me preparo para celebrar una edad que esperé por algún tiempo, dándole las gracias a la vida por todo lo bueno que me ha pasado y con la tarea firme de establecer una visión de mí para los próximos 10 años.

Como cada 2 de octubre, si pasan por acá, lancen un buen deseo al aire para que lo que venga sea igual de maravilloso a lo que ya fue. Prometo corresponderles cuando llegue el momento.

 

El retorno del Señor de los Anillos

Cada 28-29 años aproximadamente, ocurre el retorno de Saturno.  El Señor de los Anillos, como se le llama comúnmente a este planeta, vuelve a la posición que estaba en el día del nacimiento, estipulando una transformación en ciertos contextos y aspectos importantes de la persona que lo vive. Por lo general, este periodo se caracteriza por la duda, reflexión, seriedad y conciencia de lo que somos y queremos ser en el futuro.

Unos días antes de mi cumpleaños, tuve tiempo para pensar de sobra y conversar con personas desconocidas y coyunturales que me ayudaron a poner ciertos temas en perspectiva. Así que, heme aquí, orbitando y en plena transición, con algunas ideas claras, otras un poco confusas y la promesa de compartir lo que he aprendido ahora que llegué a los 29:

  • Las cualidades no discriminan las situaciones. El que es generoso con lo que tiene, también lo será con lo que siente; sucede igual con los defectos.
  • El amor es complicado, porque confundimos el deseo, con el sentimiento y luego, antes de saber qué es lo que queremos, lo encasillamos con un título, que por lo general es de “pareja”. Si entendiéramos que es superior a todo y que podemos y debemos amar a cuántos más sea posible, viviríamos más tranquilos con el tema. No me estoy refiriendo a salir con varios al tiempo, sino a tener conexiones reales, donde la otra persona nos importe de corazón.
  • No hay atajos en la vida; cuando se trata de vivir una experiencia, hay que vivirla completa. Asumirlo, es entender que las situaciones toman su curso, que hay un antes y después, causa y efecto, y que lo que sucede, también pasará. 
  • Pocos remedios en la vida, como un abrazo. A veces, es sólo lo que se necesita.

Seguiría, pero temo que se llenaría de ideas repetidas sobre la felicidad, la trascendencia y ese tipo de conceptos que se ven en libros de autoayuda que, por supuesto, “nadie lee” (¿verdad?). Creo que ese sería mi último punto: se habla de los clichés como mecanismo para estereotipar una situación de la que decimos estar exentos – “yo no soy así, a mí eso no me va a pasar… porque cómo lo sé, lo puedo evitar”. Hasta que pasa. Y nos damos cuenta que aquello que habíamos leído y visto en otros, es real. ¿Mi cliché personal? La belleza, bajo el entendimiento que se tiene realmente, cuando desde adentro se genera.

Como todos los años, agradezco los buenos pensamientos que echen al aire para que cada cumpleaños sea mejor que el anterior; y en este en particular, para que la transición traiga lo que espero. Prometo regresarles los mismos deseos cuando sea su turno.

*Me tomó más de dos meses escribir este post. Una disculpa para quienes esperaban una actualización previa, pero sin sacar este pan del horno, lo demás carecía de sentido. 

En el mundo de los ciegos…

…el tuerto es sólo un incomprendido. Y como representa a la minoría, tiene dos opciones: hacerse el ciego o morir en el intento de que los demás comprendan que el mundo se percibe bajo los sentidos que se utilicen. En su obstinación, llegará eventualmente a ser Rey, aceptando que la empatía – al taparse un ojo- y la sencillez (él mismo es un limitado auditivo en comparación de los ciegos) da un espacio de conversación del que todos se benefician.

Así empieza la respuesta al post del DLC’ 011 en el que me taguearon.

No entraré en detalles de antecedentes situacionales que expliquen por qué escogí las siguientes ideas para hacerlas ejes rectores de mi vida en el 2011. Sólo espero que si están buscando las suyas, éstas sirvan de inspiración tal y cómo los conceptos de Efrain lo son para mí.

Aquí van:

  • Las habilidades y capacidades son sólo la mitad del camino; la perseverancia y disciplina, te llevan hasta el borde del final. Lo que permite cruzar la línea es la motivación del sentido de lo que haces. Habrá que involucrar en ese sentido, el concepto de bienestar propio y de aquellos que tengo cerca.
  • Dudar es provechoso, en la medida en que te permite escuchar a los demás y reafirmar lo que crees. Así que este año promoveré el debate (evitando la política, definitivamente no es mi fuerte).
  • Aprender hasta el cansancio! Es la única forma de que mi apasionamiento general por las cosas de resultados y promueva nuevas ideas en el entorno.
  • Cumplir la regla de la Cadena De Favores (como mero ejercicio de ciudadanía): si alguien te hace un favor, págalo devolviendole un favor a alguien más que lo necesite y pídele que haga lo mismo.

Como siempre, están invitados a compartir.

A Efraín: tarde pero seguro. Gracias por recordarme la importancia de hacer este ejercicio cada año.

Al reloj de antaño – Salud!

De entrada, el recuento de los daños del 2010 se veía venir con saldo negativo. Nada confirmado, sólo la mera sensación. No pasó nada extremadamente malo que vaya a recordar toda la vida; pero tampoco nada lo suficientemente bueno que deba llevar en el corazón. Hasta que abrí Facebook! (No se rían, es real)

Por un momento, todos los amores fallidos resultaron una buena historia y sobre todo, el ejemplo para no seguir (y buscar)  en el 2011. Con los amigos que se fueron, se mantuvieron y los que llegaron me fui de fiesta incontables veces, sin mencionar bodas, cumpleaños y motivos varios de celebración.

La ausencia de mis hermanas (una por localización y la otra por oficio) la llené a punta de amigas de verdad. De esas que tanto extraño en Colombia y de las que muchas veces pensé que no encontraría.

Mirando las fotos, me di cuenta que compré tiempo valioso con mis papás; lo que me da permiso de tomar vuelo el próximo año y dejarlos por un rato.

Aprendí, compartí, regalé, trabajé (sí que lo hice), cambié, rememoré, medité… y también estuve enojada, triste, emocionada, encaprichada, nostálgica, llorona: todo con el mejor y más apasionado sentimiento.

Al final, el calificativo sigue siendo el mismo – no fue el mejor año- pero por lo menos ya le quité el sentimiento de culpa de no haber hecho nada rememorable o significativo. Así que es hora de brindar:

  • Por los que me quisieron, quise de regreso y no nos volvimos a querer.
  • Por los amigos nuevos, los viejos y los de antaño que volví a ver; por los que vinieron, se fueron y anunciaron su regreso para el 2011; por los reales, virtuales, penpals y demás.
  • Por las conversaciones, las dichas, los excesos y los deseos y compromisos no cumplidos, que esperan su realización en el próximo año.
  • Por los que me leen, porque en algún momento tengo que darles las gracias.
  • Por Facebook, mi celular, la cámara y las fotos; que me recordaron que sólo el año que no se vive es el año que hay que despreciar.

Feliz 2011!

En el año del buey, los perros hacemos fiesta! (II)

A 15 días de cumplir 27 y luego de cuatro meses de haber escrito el post que lleva el mismo nombre, es momento de recapitular y hacerle justicia a aquel que me auguró un buen año y que por diferentes razones no le creí. Los podría aburrir contándoles todo lo que ha pasado desde octubre hasta ahora, pero creo que hay mejores maneras de aprovechar el espacio, escribiendo sobre lo que he aprendido teniendo 26:

  • No hay plazo que no se venza- independientemente si el tiempo lo defines tú u otro.
  • Entre el #maldevereda y el #cybercrush… hay que escoger el primero, sobre todo si tiendes a ilusionarte rápidamente.  A eso, hay que sumarle la frase de abuelita  de “obras son amores y no buenas razones” para que, entonces, tenga sentido.
  • El hambre, la desesperación, la felicidad extrema y la soledad son muy malas consejeras. Toda decisión importante debe repasarse con los sentimientos decantados.
  • El minuto no se acaba, hasta que se vaya el último segundo- ¿Quién era yo para decir que el camino de rosas prometido nunca llegaría?
  • Puedes -y debes- hacer planes en la vida… siendo consciente que difícilmente se cumplirán al pie de la letra. Lo importante es ser flexible para cambiar de rumbo cuando se requiera y tener los ojos bien abiertos para aprovechar lo que se presente.
  • La mejor terapia siempre será bailar – sin importar que tan bien o mal lo hagas. Ah! y reirte, fuerte y escandalósamente, también funciona.

Por último, y para todos los que creen que no vale la pena: es deber con uno mismo celebrar el año nuevo personal; porque es la única forma de validar los 365 días que ya pasaron y comprometerse a que los próximos valdrán la pena. 

Así que si se acuerdan de este post el 2 de octubre, pasen a saludar y echen un buen pensamiento al aire, para que los años que me queden sean tan increibles como el que acaba de pasar. Prometo agradecer y regresarles la buena fortuna, cuando llegue su momento.