Entrada / Salida

Al momento de despedirme (por ahora, por un tiempo, por siempre) entendí el significado del límite de tiempo y lo definitivo. Nos la pasamos repitiendo mil millones de veces esa frase sobre el arrepentimiento de lo que no hacemos, que vivimos sólo una vez como justificación para hacer cualquier tontería y que la vida es corta – Y no lo es, piensen en todo lo que hicieron en los últimos 15 años – que al final desgastamos el valor de su significado.

También pude medir el peso del dolor, de ese hueco que no se va, de la necesidad de estar bien sin saber cómo.

Hasta que una mañana te levantas y no te importa si la vida será larga o corta porque ese día es lo único que realmente tienes; y justo ese día ves como todo vuelve a empezar. Nacen niños, llueve, hay florecitas desubicadas pensando que el verano es primavera. Si bien ese dolor no se parece a nada de lo que has sentido antes, si identificas lo que viene después: el sabor cómodamente conocido de volver a empezar.

Nos acostumbramos a que cada salida es también una entrada y vemos con tranquilidad que esa puerta siempre estará de vaivén.

 

 

[Introduce el título aquí]

Hay una razón por la que me gusta cumplir años y crecer: entre más grande sea, más libre soy para hacer lo que realmente quiero.

Cuando somos niños dependemos de alguien (física y económicamente), estamos regidos por las reglas de la casa y el colegio, tenemos horarios, nos importa lo que piense el de al lado. En teoría, cuando crecemos, tenemos más flexibilidad para movernos a donde queramos, hacer lo que nos place, asumir riesgos, vivir de acuerdo a lo que esperamos del momento.

El problema viene cuando asumimos esa adultez como un check-list de cosas por cumplir, expectativas ajenas por llenar, exigencias personales creadas por no dejar; y añoramos la infancia como ese momento donde “nada importaba” –porque siempre es más verde el pasto del vecino y todo tiempo pasado fue mejor.

Todo eso que asumimos porque así lo quisimos – hubiéramos podido tener otra vida, al final nuestro presente no es otra cosa que la consecuencia de actos pasados –  debería ser una representación de celebración por los años vividos, la experiencia ganada, la libertad bien manejada, los sueños y satisfacciones cumplidos. Creo que si es todo lo contrario y añoras la infancia, adolescencia y otros tiempos, porque crees que “fueron mejores”, entonces hay decisiones que se tomaron y que no llegaron a un buen término.

Ese es mi caso ahora. Porque me gusta ser adulta y tener la libertad de hacer lo que me hace más feliz, sin depender de nada, ni de nadie, mucho menos de las necesidades absurdas que  creé, he decidido hacer ciertos cambios.

Voy a dormir más, hablar menos; me desconectaré por un rato. Dejaré los mensajes de texto para gastarme el plan de celular en llamadas. Ahorraré para ir a ver a los amigos que extraño y evitaré documentar mi vida, como si fuera un álbum público.

Esto que estoy viviendo ahora me trajo muy buenos resultados, momentos divertidos, gente increíble; pero como todos los formatos, se agotan con el tiempo.

Ha sido un placer estar por acá y saber que hay algunos constantes que me leen. Estoy segura que este blackout será sólo por un rato. Nos vemos luego.

Esta es una despedida

Querido,

Es hora. Tengo que decirte adios por mi propio bien. Ya conozco las consecuencias de no cerrar los ciclos adecuadamente y de todo el peso que genera no hacerlo en el momento correcto.

Llevo unos cuantos días manteniéndome ocupada tratando de no pensarte; actuando como la mujer madura y racional que creo que soy. ¡Y eso no sirvió pa’ nada! Porque aquí estoy, escribiéndote como la única via que encuentro para empezar el duelo y evitar que el dolor se convierta en sufrimiento.

Es probable que nunca leas esto y no me importa; demasiadas cosas por hacer, viajes pendientes, gente que necesita de tu atención, lo de siempre. Igual, tengo que darte las gracias por vivir un término de vida conmigo y acompañarme en este último set de cambios. Me divertí muchísimo, debo decírtelo y ponerle un poco de drama a esto hizo de nuestra historia la telenovela perfecta – colombiana eso sí; en las mexicanas, la protagonista siempre llora mucho, va maquillada y termina bien. Nada relacionado con lo que nosotros tendríamos por contar; sobre todo por lo freaky (¿fue la palabra que usaste?) del final. (¿Qué pretendías? No podíamos escoger nada tradicional si nunca lo fuimos. Es más, la teoría nos dejó claro que nunca debimos ser…).

Espero no haberte hecho daño; sé que la decisión fue precipitada y un poco absurda, pero conoces las razones por las que de ninguna manera esto habría funcionado. Lidiar con tu vida frenética era fácil; lo complicado fue entender que no te enamorarías de mí, así yo fuera perfecta para ti.

Es curioso. Siempre criticaste la responsabilidad que le daba a mi cabeza, “no puedes dejarle todas las resoluciones de la vida, cielo; un día esa inteligencia en la que tanto confías te va a traicionar”. Lo que nunca supusiste es que te haría caso, al tomar esta decisión por el sólo hecho de sentir que algo no estaba bien. Lo hice por ese dolor frecuente que se acumula entre las costillas y molesta, todos los días un poquito más.

Ahora no sé que siento, extrañarte me duele un poco. La cabeza, protegiéndome, te cita repitiendo que sólo habrá finales alternativos a lo que no me gusta, si busco lo que realmente quiero. Mi cabeza… ¿ves por qué sí puedo confiar en ella?

Así que hasta acá llegamos.

Enamórate de una colombiana, si eso es lo que quieres, y hazlo en serio. La vida es muy larga como para vivirla solo.

Un último beso,

Luciana de Cielo.

De viernes a domingo, supe…

Que hay dos cosas para las que nadie es bueno: la autopromoción y las despedidas. Todo aquel que hace lo primero se ve arrogante y pretencioso. Todo el que se despide, no puede evitar caer en el cliché de las frases mil veces repetidas.

Si alguno de ustedes hace parte del alguien-que-todavía-no-conozco y sabe como manejar cualquiera de esas dos situaciones, le pido que levante la mano y me cuente cómo lo hizo.

(Ésta es la anotación personal No. 5)