(20) Razones (más) para amar el DF (II)

Hace mucho más de un año escribí algunas razones por las que era feliz viviendo en el DF. En ese entonces, hice la promesa de agregar otros items porque estaba segura  de que la lista era corta. Después de cumplir más de 6 años acá y seguir enamorada de esta ciudad al punto de considerarla propia, publico 20 motivos adicionales que espero disfruten.

  1. Las jacarandas. Mi amigo Daniel las mencionó en el post pasado, pero fue hasta esta primavera que supe qué es lo que más me gusta de verlas florecer: la gente se sorprende de su belleza y las admira cada año con la misma novedad.
  2. Las fiestas nacionales (culturales, religiosas, políticas etc.) – Siempre hay un motivo para celebrar con fervor y una excusa para dejar la dieta de lado cada mes.
  3. Las bibliotecas y librerías. Hace poco leí que El Péndulo en Polanco está considerada entre las librerías más importantes del mundo por su diseño. Si me preguntan, mi preferida es la Rosario Castellanos en La Condesa.
  4. La cantidad de rutas aéreas que llegan y salen del Aeropuerto Benito Juárez – hacen posible viajar a cualquier lugar del mundo, fácilmente.
  5. Los mil y un lugares donde venden buen mezcal.
  6. El ambiente de aceptación a los que piensan, actúan y se ven diferentes a la mayoría. Seguramente algunos me dirán que esto no es cierto, pero en los últimos meses muchos mexicanos me han demostrado su capacidad para respetar las decisiones de los demás.
  7. El Mercado de San Juan, perfecto para ir a comprar pescados frescos desde muy temprano.
  8. La Calle de las Lámparas en el Centro Histórico. En general, me gusta que el DF tiene calles especializadas en todo.
  9. La capacidad para hacer propio – mexicano – cualquier comida internacional. Creo que este es el único lugar donde se venden chiles toreados en un restaurante chino.
  10. Los conciertos – pagados, gratuitos, en foros pequeños o espacios enormes- que hay todas las semanas.
  11. El ponqué de cajeta de La Casita.
  12. La posibilidad de ir a cualquier hora a cine y encontrar boletos disponibles casi para todas las películas.
  13. La solidaridad con la que los mexicanos acompañan a aquellos que están sufriendo, tienen una pena de amor o han perdido a alguien.
  14. Lo cursi que se pone el ambiente cuando es 14 de febrero o Día de la Madre.
  15. Las casas en Coyoacán, La Roma, Las Lomas y San Ángel. De diferente arquitectura e igualmente soñadas.
  16. La Fonoteca Nacional: por el plan cultural y sus jardines.
  17. El remate de libros en el Auditorio Nacional y la felicidad de ver que no le cabe un alma. Si la gente no está leyendo, por lo menos tiene la intención y eso es un buen comienzo.
  18. Las exposiciones y conciertos que organizan en El Museo de Bellas Artes, La Sala Nezahualcóyotl y el Palacio Nacional. En general, me gusta mucho el interés que los mexicanos muestran por la cultura, sin importar de dónde provenga. Hay un público cautivo tanto para escuchar a la Sinfónica de Minería, la instalación de Raíces afuera del Museo Nacional de Arte como para ver un performance dentro de un centro comunitario en Tepito.
  19. Sobreviven todavía muchos cafés de esquina que guardan recetas de años y que exacerban el sentimiento local -casi cómodo- de pertenecer a una comunidad conocida, en una de las ciudades más grandes del mundo.
  20. La importancia de la cocina (el lugar físico y la comida) y todo lo que sucede alrededor de ella. Te hace sentir inmediatamente en casa.

Si tienen más razones que quieran sumar como en el post anterior, los comentarios serán bienvenidos.

No necesito un plan… vivo en el DF

Muriéndome de aburrimiento el fin de semana y rumiando en lo injusto de la vida -sí, esas estupideces que nos da por pensar cuando estamos desocupadas- decidimos salir con Nama a pasear por ahí y no desperdiciar ni un momento de su limitado tiempo libre… 

Se me había olvidado la razón fundamental por la que me gusta la ciudad en donde vivo: siempre hay sitios increibles en cada esquina, que por alguna razón me acuerdan de los momentos más bonitos de mi vida. 

Una vajilla igualita a la que había en mi casa, libros de Tintín como los que coleccionaba cuando era chiquita, el olor a vainilla y naranja, una buena comida y una conversación con una grata compañía y al más mínimo volumen, hicieron que mi ánimo fuera diferente.

Anotación personal No.2:  Cuando te estés haciendo daño con lo que estás pensando, sal! La ciudad, sobre todo esta, puede hacerte girar en diferentes direcciones.