Fatum, Ananké o Moira.

Hablar sobre el destino siempre es complicado: mi educación católica se contrapone al hecho de creer en lecturas de manos, tarot, cartas astrales, signos; de vivir entre el pensar que todo lo que pasa debe ser lógico y sentir que hay algo más allá que debo alcanzar sólo por el hecho de estar viva.

Pues bien; balanceándome entre dualidades -algo a lo que me he acostumbrado-, descubrí que verbalizando mis preguntas frente a personas con diferentes  bagajes y creencias, podría encontrar una respuesta que no sólo me convenciera sino que también me dejara tranquila.

Así que si me preguntan por el destino, esto es lo que creo:

Todos nacimos con una misión en la vida, que alimenta la gran misión que tenemos como sociedad. No se crea por azar ni tampoco surge de la nada; responde a una evolución del ¿alma? (no sé si deba llamarse así, pero no tengo otra palabra). Todo tiene una causa, y si así es, estaba predestinada a existir desde el momento en que la causa surgió. 

Pienso en este momento en cualquier suceso importante de mi vida y todo lo que la precedió. Podría haber obrado diferente; podría pensar en cualquier cantidad de suposiciones sobre las miles de opciones que tenía. Pero la verdad es que no sucedieron, son sólo ilusiones.  La decisión que tomé me llevó hasta donde estoy ahora por una de los tantas vías que hubieran podido ser.   

Volviendo a la misión: estoy segura que “todos los caminos conducen a Roma” y creo que lo que hacemos nos lleva a cumplir esta misión como destino. El libre albedrío llega para darnos la libertad de escoger como vivir ese camino. Podemos luchar contra él, ignorar lo que debemos hacer, perder el tiempo, hacernos los sordos o aceptar y entender que en este espacio de tiempo – que es nuestra vida – tenemos la oportunidad de ser felices como opción y disfrutar el andar. De todas maneras, si no lo hacemos, llegaremos al mismo punto tarde o temprano. La diferencia está en el tiempo que te tardas, la calidad del sendero, la lucha lógica que te impide sentir lo que sucede alrededor. Es como ir de un punto A al B en línea recta o tomar todos los recovecos posibles.

Ahora, sobre el “disfrutar el camino”, me refiero a vivirlo con intensidad, pase lo que pase, como lo hacemos cuando vemos o leemos una historia. Si pensáramos que, como protagonistas, debemos pasar por ciertas etapas (prohibición, transgresión, complicidad, mediación, aceptación, pruebas, luchas etc.) para alcanzar lo que queremos, podríamos sentir plenamente y con mayor conciencia el dolor, la tristeza, la alegría, el desengaño, la caridad, la empatía etc., como parte de un proceso. Entenderlo y vivirlo me hace feliz, me hace sentir viva y con sentido. 

Es posible que haya muchas inconsistencias o áreas grises sin explicación en esto que acabo de decir y la lista de “conceptos” que debo aterrizar en esta idea todavía es muy grande. No puedo pensar que ya haya descubierto (¿mi?) la verdad sobre todas las cosas; sin embargo, es lo que pasa hoy en mi vida y me gusta saber que es esto en lo que creo.

Love, Live, Laugh

Las palabras que más me gustan empiezan con L:

Luciérnaga, luna, laberinto, lágrima, lagartija, ladronzuelo, lamparero, lánguida, lavanda, lechuga, lento, letargo, legendario, leyenda, librería, libertad, lingüístico, linóleo, lírico, litúrgico, Lucerna, lustro, lunareja.  

Dejando de lado su significado, me atraen por el sonido que producen sin esfuerzo al inicio. La “L”  – intenta decirlo lento y en voz alta- es de esas letras que exigen que la lengua roce levemente ese punto entre los dientes superiores y el paladar, sin necesidad de ser explosiva como la “T” (Intentando describir ese movimiento, supe un día que a esas consonantes se les llama laterales y/o alveolares). Además, es tímida; no recae en ella toda la atención y fácilmente podría confundirse con algunas otras del abecedario. A pesar de eso, hace posible cosas increibles, como dejarnos cantar cuando no sabemos la letra de una canción o, al repetirla, darnos una resonancia particular: cuando digo “lluvia” (y no <yuvia>) pienso en chocolate derretido esparcido en una mesa de mármol; brillante, liso, cremoso al punto.

Vuelvo al espejo y repito las palabras que me gustan; de nuevo bloqueo la imperiosa necesidad de la semántica e intento desmenuzar cada una a través únicamente del sonido que producen y la sensación que generan. Después pronuncio las formas varias como me llama la gente (todas empiezan con “L”), disfrutándolo. Es ahí cuando me doy cuenta que hay placeres sencillos en la vida como gozar la única palabra de la que no te puedes cansar y reconocer en ella la identidad de tu propio nombre.

El pez muere por la boca

Anotación personal No.6: sólo aquel que tenga voluntad y valores de comportamiento férreos, es capaz de criticar sin que lo parta un rayo.

Y como yo no soy así (ejem! libra, indecisa, volátil, mediadora) me abstendré hasta nuevo aviso de emitir una opinión, sobre todo si es de cualquier situación en la que fácilmente pueda verme involucrada.

¿Cuántas veces no me ha pasado esto? Cena: ponen un tema y ahí voy yo, sin que nadie me preguntara, abro la boca y pontifico sobre lo correcto e incorrecto de la “persona del día” (porque siempre hay una, por lista). Una semana después, va la mula al trigo y, como si me lo propusiera, doy el ejemplo de lo que precisamente no se debe hacer.

¿Cuántos días podré cumplirlo? Trataré de que sea el suficiente para hacer méritos y cuando la bendita lista llegue a la “L” todos ya hayan olvidado aquellos resbalones “sin importancia”. Sí, el que peca y reza, empata. (Esa debería ser mi anotación siguiente)

El pan en la puerta del horno

¿Cuáles son sus áreas de oportunidad? (Pfff, ¡hablemos de defectos!)

Carezco de definición. Si alguna vez pensaron que los Libra nos identificábamos por el equilibrio, están muy equivocados; la duda es la única constante y estar entre opuestos es cosa de todos los días. Un día amamos algo, al otro día no lo podemos ni ver. Eso sí, todo es apasionado, emocional, intenso. La felicidad sube como cohete y la decepción nos pega contra el piso.

Además, para cada posibilidad siempre hay un camino qué pensar; la visualización es algo que se nos da naturalmente. No sé si todos, pero yo soy como La Lecherita; esa niña que iba caminando con la tinaja de leche fresca para vender en el pueblo mientras pensaba en la plata que ganaría ese día. En su línea de pensamiento, compraría unos huevos, para esperar a que se convirtieran en pollos; venderlos para tener un marrano e intercambiarlo con…. hasta que tropezó con una piedra, haciendo que la tinaja cayera al suelo y se rompiera.

Sí, los cuentos infantiles me mostraron que los panes se queman en la puerta del horno y con todo y eso, no he aprendido a enfocarme en lo que pasa en el momento y no en soñar sobre situaciones que son sólo una posibilidad.

-Sépalo muy bien, qué mientras que usted me hace esta pregunta, yo ya he tenido unas tres posibilidades diferentes de respuesta y sus respectivas consecuencias… ¿de verdad quiere saberlo? Porque todavía no decido cuál de todas darle… eso sí, ya vi como usted salía contenta de esta sala y yo lograba lo que quería.