31

En unas horas cumplo 31 años y desde el lunes traigo la intensidad de una niña de 7. Sucede cada 2 de octubre y espero que así sea hasta el fin de los tiempos con el único objetivo de que cada año cuente su propia historia.

Desde que era muy chiquita me impresionaba oír a mi papá echando historias con fechas exactas. La imperiosa necesidad de querer imitarlo me cuestionaba si  sería capaz de recordar las anécdotas con detalles específicos cuando creciera. Para compensar la falta de esa habilidad que no heredé, decidí adjudicar tags a cada año con situaciones importantes en donde creo que el camino tomó un rumbo diferente.

La historia de los 30 trajo momentos de libertad y distancias recorridas, la ilusión de ser todopoderosa, nuevas categorías de definición, voluntades indomables (¿me han visto brava? Si es así, lo entenderán), amistades nuevas, viejas y de paso; la certeza de que lo quiero todo porque estoy dispuesta a recibirlo. Mañana llego con algunas arrugas, normales en quien hace caras y sonríe desde el corazón; segura, así el mundo diga lo contrario, que no hay nada mejor en la vida que bailar, y convencida de que para llegar lejos siempre es mejor hacerlo con alguien más.

Si este próximo año resulta levemente parecido al anterior, la historia que contaré cuando sea viejita será realmente divertida.

Como todos los años, agradezco infinitamente los buenos deseos y desde el fondo de mi alma, espero que tengan una vida tan feliz como ha sido la mía hasta hoy.

Es hora de volver.

Los que me conocen pueden decir que las cosas siempre son mejores cuando las cuento que cuando las vivo. Mis hermanas lo reconocen muy bien al verme haciendo caras y hablando sola; “¿En qué estás pensando?” y se ríen porque saben que estoy reviviendo algo con la misma intensidad que cuando sucedió.

Me pasa con las historias de amor, las peleas oficineras y las conversaciones de domingo; para mí, casi todo merece ser contado. La razón no cumple un ejercicio de socialización, ni siquiera por las ganas de grabarlo en la memoria; es sólo que hay muchas cosas sucediendo alrededor que necesitan escribirse para entenderse.

Así que esa es la razón de volver.

A partir de mañana, Luciana volverá a escribir los domingos.

Antes del 18 supe…

Que el olvido no discrimina. Una vez decides sacar a alguien de la cabeza, es posible que se vaya con un poco de tu atención hacia los detalles más triviales –llevar dos zapatos diferentes sin darte cuenta o perder las llaves. El lado interesante es que, si te permites no luchar contra eso, su presencia diaria y constante acaba por difuminarse.

También supe que hay una receta para acelerar el olvido y coser un corazón roto: basta con ir a dos conciertos donde puedas cantar con emoción lo que estás sintiendo; un fin de semana sin hablar para asimilar el dolor con todas sus aristas y, por último, un alma caritativa que escuche una y otra vez, sin juzgar, las miles de razones por las que esa historia no tuvo un final feliz.

10 años y sigue contando

Gardel dijo que 20 años no es nada… pero cuando eso representa el 74% de tu vida, de los cuales la mitad te la has pasado en el mercado del romance, el amor y la cursilería; las cosas cambian.

Como a mí todo lo que suena a celebración me gusta, festajaré 10 años de haber empezado a salir, con una lista de las canciones que me acuerdan a amores fallidos, platónicos, importantes, superfluos, repetidos y repentinos.

No será una lista cualquiera. Estoy convencida que todos vivimos más o menos lo mismo, casi como los cuentos populares repiten las estructuras narrativas. Por esto, cada canción estará vinculada a una función de Propp, con la idea de resumir la historia y no entrar en detalles.

Hago una advertencia: no me caracterizo precisamente por tener un gusto musical distinguido e interesante y espero que este no sea un motivo para que dejen de leerme.

Con esto dicho, y aceptando que me moría de ganas de hacer esta lista, sólo para darle un tag auditivo a cada “novela”, comienzo:

  • La prohibición– empieza la Era de los Juanes. Ninguna de estas historias duró más de dos semanas, a pesar de mi empeño porque fueran eternas. Él “te lo dije” fue recurrente en esa época.
    • Smooth – Rob Thomas Feat. Santana
    • Tu Cariñito –  Puerto Rican Power
    • La Cartera – Carlos Vives
    • Two times – Ann Lee
    • Una canción – Los de Adentro
  • La complicidad y colaboración con el oponente– esta es la etapa del mejor amigo que deja de serlo.
    • Tabaco y Chanel – Bacilos
    • Angel – Shaggy
    • Ella es tan bella – Rikarena
    • Obsesión – Los Inquietos Vallenatos
  • El combate entre el héroe y el agresor – como película de Antonio Banderas: dos personas en el mismo lugar, intentando bailar con la misma mujer…(¿creyeron que el combate había sido real? nah!)
    • Piel Canela – Andrés Cepeda (versión)
    • I´ll fly with you – Gigi D´Agostino
    • Tania – Joe Arroyo
  • El falso héroe no necesita explicación, o ¿sí?
    • Too Fancy – Debbie Gibson
    • Romeo and Juliet – The Killers
    • Mack the knife –  Frank Sinatra
    • Nao Preciso Mudar – Ivette Sangalo … (sí, con este personaje nunca bailé…)

Para terminar como se debe, y porque cada soundtrack que se respete tiene un bonus, acá les dejo el del final feliz: Qué diera – Carlos Vives

Espero sus canciones, quedan muchas funciones de Propp por musicalizar; ¿Qué tal una historia de despedida?

La historia que no seremos.

El futuro me obsesiona y para ciertos eventos en la vida, quisiera guardar cada minuto que precedió una decisión o estado importante. Por eso, cuando creo que va a pasar algo diferente que pueda cambiar el destino de lo que conozco hasta el momento, intento abrir un espacio en mi memoria y tomar fotos mentales que resuman la historia y me permitan contarla con la mayor cantidad de detalles. Como esas, guardo muchas; me sé cada momento de lo sucedido y soy feliz cuando sale en una conversación, porque me generan el mismo sentimiento de esa vez.

Esas historias y otras cuantas, por lo general, empiezan bien; el típico ejemplo es cuando conoces a alguien y te gusta. Genera una impresión positiva, compras el discurso de quien es, se lo cuentas a alguien más, empiezas a compartir ciertos momentos, te sorprende lo bien que se llevan juntos y cómo todo caza perfectamente. Con el tiempo, revisas y te da por pensar que esa persona podría ser la dueña de tu último primer beso. Todo bien hasta ahí. Inclusive, si eres un buen narrador o sabes escribir, alcanzaría para un guión de película dominguera o por lo menos, para un buen cuento de café.

Pero, ¿qué pasa cuando sale al revés y tu expectativa no corresponde a la realidad? Porque, por cada historia exitosa, hay una fallida como mínimo, y de esas no hablamos mucho, sólo al principio para dar una explicación y desahogarnos de lo que llevamos por dentro.

Lo primero que te dicen tus amigos es “todo pasa por algo, tú tranquila, cuando no es, no es…”. Culpas al destino -o a la loca que se atravesó, puede ser el caso- y ahí empieza la historia que no seremos, esas historias que nadie cuenta con emoción ni delirio y que pasan a engrosar la lista de “aquello que no quiero volver a vivir” (la angustia, la desesperación, el mal genio, la tristeza, todo revuelto y encarnado en alguien en el que no me reconozco).

Me ha pasado varias veces que me encuentro con alguien con quien salí; lleva su vida (igual que la mía) y mientras se aleja, después de saludar cordialmente y con un poco de emoción nostálgica, no puedo dejar de pensar en lo que hubiera sido si… (y aquí me explayo, sin parar).

Y entonces aparecen las fotos mentales y revivo todo: lo bueno, malo, aburrido, excitante… ¡todo! y me doy cuenta que fuimos una historia que desde el comienzo, y a pesar de lo emocionante que vi y pensé que era perfecto, no estaba planeada para ser.

Entonces, ¿cuál es su beneficio? ¿Para qué siquiera acordarse de eso? Simple, porque las historias que no fueron, nos enseñan a entender precisamente, en lo que no queremos convertirnos.