Extranjera

La dicotomía de ser de aquí y también de allá la abracé cuando asumí que lo que más me gusta en la vida es ser extranjera. Me la pasaba horas diciendo que no era una bogotana como las que se encuentran en la ciudad y definitivamente se nota que tampoco soy mexicana, por más que el acento haya cambiado.

En esta contradicción de lo que soy y en donde vivo, de cómo me criaron y lo que decidí ser, le encontré un sabor dulce y aparentemente único a la libertad de escoger lo que me gusta de cada uno de estos lugares y hacerlos mios. Eso me da derecho a mirar con ojos críticos a los colombianos y sus actitudes o a opinar sobre la política mexicana; de la misma manera con la que escucho sus himnos y me emocionan hasta el alma.

Así que con esto, sentada en un aeropuerto y después de muchos meses de no pisar Bogotá, dejaré de angustiarme por definir mi personalidad según la localización geográfica y crearé clichés propios para reemplazarlos por los que ya me sé; olvidaré lo que debió ser y lo que supuestamente me estoy perdiendo. Entenderé que el mundo es todavía muy grande – así digamos lo contrario- para aceptar una sola forma de ser.

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(20) Razones (más) para amar el DF (II)

Hace mucho más de un año escribí algunas razones por las que era feliz viviendo en el DF. En ese entonces, hice la promesa de agregar otros items porque estaba segura  de que la lista era corta. Después de cumplir más de 6 años acá y seguir enamorada de esta ciudad al punto de considerarla propia, publico 20 motivos adicionales que espero disfruten.

  1. Las jacarandas. Mi amigo Daniel las mencionó en el post pasado, pero fue hasta esta primavera que supe qué es lo que más me gusta de verlas florecer: la gente se sorprende de su belleza y las admira cada año con la misma novedad.
  2. Las fiestas nacionales (culturales, religiosas, políticas etc.) – Siempre hay un motivo para celebrar con fervor y una excusa para dejar la dieta de lado cada mes.
  3. Las bibliotecas y librerías. Hace poco leí que El Péndulo en Polanco está considerada entre las librerías más importantes del mundo por su diseño. Si me preguntan, mi preferida es la Rosario Castellanos en La Condesa.
  4. La cantidad de rutas aéreas que llegan y salen del Aeropuerto Benito Juárez – hacen posible viajar a cualquier lugar del mundo, fácilmente.
  5. Los mil y un lugares donde venden buen mezcal.
  6. El ambiente de aceptación a los que piensan, actúan y se ven diferentes a la mayoría. Seguramente algunos me dirán que esto no es cierto, pero en los últimos meses muchos mexicanos me han demostrado su capacidad para respetar las decisiones de los demás.
  7. El Mercado de San Juan, perfecto para ir a comprar pescados frescos desde muy temprano.
  8. La Calle de las Lámparas en el Centro Histórico. En general, me gusta que el DF tiene calles especializadas en todo.
  9. La capacidad para hacer propio – mexicano – cualquier comida internacional. Creo que este es el único lugar donde se venden chiles toreados en un restaurante chino.
  10. Los conciertos – pagados, gratuitos, en foros pequeños o espacios enormes- que hay todas las semanas.
  11. El ponqué de cajeta de La Casita.
  12. La posibilidad de ir a cualquier hora a cine y encontrar boletos disponibles casi para todas las películas.
  13. La solidaridad con la que los mexicanos acompañan a aquellos que están sufriendo, tienen una pena de amor o han perdido a alguien.
  14. Lo cursi que se pone el ambiente cuando es 14 de febrero o Día de la Madre.
  15. Las casas en Coyoacán, La Roma, Las Lomas y San Ángel. De diferente arquitectura e igualmente soñadas.
  16. La Fonoteca Nacional: por el plan cultural y sus jardines.
  17. El remate de libros en el Auditorio Nacional y la felicidad de ver que no le cabe un alma. Si la gente no está leyendo, por lo menos tiene la intención y eso es un buen comienzo.
  18. Las exposiciones y conciertos que organizan en El Museo de Bellas Artes, La Sala Nezahualcóyotl y el Palacio Nacional. En general, me gusta mucho el interés que los mexicanos muestran por la cultura, sin importar de dónde provenga. Hay un público cautivo tanto para escuchar a la Sinfónica de Minería, la instalación de Raíces afuera del Museo Nacional de Arte como para ver un performance dentro de un centro comunitario en Tepito.
  19. Sobreviven todavía muchos cafés de esquina que guardan recetas de años y que exacerban el sentimiento local -casi cómodo- de pertenecer a una comunidad conocida, en una de las ciudades más grandes del mundo.
  20. La importancia de la cocina (el lugar físico y la comida) y todo lo que sucede alrededor de ella. Te hace sentir inmediatamente en casa.

Si tienen más razones que quieran sumar como en el post anterior, los comentarios serán bienvenidos.

Razones para amar el DF

Esta mañana empecé el día leyendo 101 razones para amar Bogotá, el recuento de una inglesa sobre su agradable estancia en la ciudad en que nací.

Pues bien, a manera de reciprocidad, y porque creo que nada como una extranjera para ver las cosas buenas de un lugar, decidí enumerar todo aquello que me hace vivir feliz en el DF.

  1. Todo lo que digas es susceptible de convertirse en un chiste. Entender el albur fue el primer paso para reirme horas enteras sin parar.
  2. Los niños y los ancianos no estorban – por eso estaría dispuesta a criar una familia y envejecer aquí.
  3. Tienen el mejor zoológico de Latinoamérica, ¡gratis! Es increible ver pasar un bus detrás de la reja donde hay una hiena.
  4. Las variaciones gastronómicas nunca acaban. Hay tantas recetas como restaurantes, el que repite cualquiera de las dos es porque no ha caminado lo suficiente por la ciudad.
  5. Con un amigo (o amiga) mexicano te ganaste la lotería de por vida. El valor de la amistad es altamente entendido y practicado.
  6. Los mexicanos no tienen límites – piensan en grande: familias, negocios, planes, fiestas, ¡todo! Y además, siempre estás invitado a participar.
  7. Son amables, serviciales, generosos y empáticos. Se agradece que siempre estén dispuestos a ayudar al que lo necesite. (Para la muestra, Haití y su tragedia).
  8. Paseo de la Reforma, primera calle transitada cuando llegué. Cambian las flores de los andenes para cada temporada, al igual que las exposiciones de arte. Mi favorito: los alebrijes gigantes.
  9. No tienen prisa, hay tiempo y lugar para todo.
  10. El guayabo es para quién no quiere seguir la fiesta o no ha encontrado un buen lugar de tacos en la madrugada.
  11. En cada esquina hay un puesto de flores abierto, por lo general, hasta altas horas de la noche.
  12. La variedad de frutas y verduras en los supermercados es sorprendente.
  13. Los mercaditos y el queso Oaxaca
  14. San Ángel, los organilleros nostálgicos y los pájaros gitanos que revelan la suerte.
  15. La forma como viven y sienten la muerte (no es exclusivo del DF, pero es una de las cosas más reveladores de la cultura mexicana y por esa razón era inaceptable omitirlo).
  16. Los acentos, nacionalidades, razas y religiones que confluyen en la ciudad.
  17. La habilidad para hacer peinados en los salones de belleza y dejarte cual estrella de Televisa
  18. El pan dulce – que me he comido por los últimos 5 años sin remordimientos. ¡Ah! y el pastel de elote que vende el señor del carrito verde sobre Palmas.
  19. Las conversaciones con extraños – siempre hay una vecina, siguiente en la fila, “amiga” de salón, compañera de vestier, con la que puedes hablar trivialidades.
  20. Las bicicletas rojas y la moda de los ejecutivos de usarlas para ir a trabajar
  21. Siempre hay tiempo para comer, por más agitada que esté la agenda.
  22. Las invitaciones están a la orden del día – realmente no hay razones para quedarse en casa. Todo es un motivo para salir y verse con los amigos.
  23. Los hombres son muy caballerosos
  24. Las heladerías artesanales y sus sabores exóticos, zapote por ejemplo.
  25. La sopa de tortilla de Paxia (es mi preferida de por vida) y los tacos de camarón de Dulcinea
  26. Los mitos urbanos, como el de los gatos del Hospital Español.
  27. Lo poético de la calles: Paseo de la Amargura, por ejemplo. Puede que te pierdas, pero al menos, suena bonito.
  28. Las historias de los taxistas – una vez, uno de ellos me contó que compró una muñeca parecida a su mujer, para que nadie lo sacara a bailar cuando ella estaba cansada; “siempre fiel, eso fue lo que le dije”.
  29. El Castillo de Chapultepec, la vista, sus jardines y el tren.
  30. La cantidad de obras de teatro presentándose con funciones desde hace años.

Se me ocurren muchísimas más, que agregaré pronto. Mientras tanto, están invitados (como siempre) a sumar a la lista y ayudarme a llegar a las 101.