La de hace 10 años.

Hay personas que saben intervenir en la temática semanal de otros; ese espacio donde todo lo que te rodea tiene el mismo mensaje y sabes que, de no ponerle atención, la vida se encargará de gritártelo hasta que le dediques dos minutos a pensarlo. Fue así como hace una semana, Diana, haciendo de catalizadora en mi propia temática, lanzó en el tráfico lo siguiente: “si te encontraras con la Lu de hace 10 años, ¿qué le dirías?”. Le contesté lo primero que me vino a la cabeza, para después encadenar una frase con otra y no poder dejar de pensar y hablar del tema. ¡Tantas cosas -desordenadas- que decirle!

Así que, querida Diana, si me encontrara con la Lu de 20 años ahora, con las ideas decantadas, le diría que todo hace sentido con el tiempo y que los momentos no tan agradables le servirán en el futuro para manejar situaciones complicadas. De todas maneras, de eso no habrá mucho porque la vida será generosa y le regalaré 10 años de felicidad en una ciudad que sentirá propia, con amigos diversos y cercanos al corazón. 

Estoy segura que de contarle que eventualmente llegaría a verse como lo pensó – en una sala grande, exponiendo estrategias, con gente atenta- se alegraría mucho. Y es que teníamos ese sueño desde los 17 y no veíamos la hora de crecer y de hacer que lo que pensábamos valiera la pena. Tendría que avisarle que a los 30 me siento grande, pero no me veo tanto y eso creo que la decepcionaría un poco. 

Si esa Lu estuviera frente a mí, sabría, sin decirle una sola palabra, que todavía no ha llegado una historia de amor definitiva; y antes de que saltara a cualquier conclusión, sin contarle muchos detalles, me tomaría el tiempo para que supiera que las historias que vienen para ella serán increíbles. Que no fueran los hombres de la vida, no significa que no fueran personas lindas y encantadoras. Eso me llevaría a que supiera que el amor será un tema constante (e intenso) de lo que hablará casi todo el tiempo. 

Le pediría que recordara muy bien esas clases de Lectura, Escritura y Filosofía de la Cultura en la universidad, porque después será muy complicado desenterrar esos conceptos que tanto me sirven ahora y que hubiera estado bien tenerlos más presentes. 

Por último, le diría que lo mejor está por venir, para ella y para mí y que es momento de vivir lo que hay con quién está cerca, porque la nostalgia, si la dejas, gana terreno por minuto; que así como ella es feliz a los 20, también será feliz a los 30 y que estoy segura que si nos encontráramos con la Lu de los 40, vendría a decirnos exactamente lo mismo.

Así que habiendo administrado mi temática de la semana, me preparo para celebrar una edad que esperé por algún tiempo, dándole las gracias a la vida por todo lo bueno que me ha pasado y con la tarea firme de establecer una visión de mí para los próximos 10 años.

Como cada 2 de octubre, si pasan por acá, lancen un buen deseo al aire para que lo que venga sea igual de maravilloso a lo que ya fue. Prometo corresponderles cuando llegue el momento.

 

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El retorno del Señor de los Anillos

Cada 28-29 años aproximadamente, ocurre el retorno de Saturno.  El Señor de los Anillos, como se le llama comúnmente a este planeta, vuelve a la posición que estaba en el día del nacimiento, estipulando una transformación en ciertos contextos y aspectos importantes de la persona que lo vive. Por lo general, este periodo se caracteriza por la duda, reflexión, seriedad y conciencia de lo que somos y queremos ser en el futuro.

Unos días antes de mi cumpleaños, tuve tiempo para pensar de sobra y conversar con personas desconocidas y coyunturales que me ayudaron a poner ciertos temas en perspectiva. Así que, heme aquí, orbitando y en plena transición, con algunas ideas claras, otras un poco confusas y la promesa de compartir lo que he aprendido ahora que llegué a los 29:

  • Las cualidades no discriminan las situaciones. El que es generoso con lo que tiene, también lo será con lo que siente; sucede igual con los defectos.
  • El amor es complicado, porque confundimos el deseo, con el sentimiento y luego, antes de saber qué es lo que queremos, lo encasillamos con un título, que por lo general es de “pareja”. Si entendiéramos que es superior a todo y que podemos y debemos amar a cuántos más sea posible, viviríamos más tranquilos con el tema. No me estoy refiriendo a salir con varios al tiempo, sino a tener conexiones reales, donde la otra persona nos importe de corazón.
  • No hay atajos en la vida; cuando se trata de vivir una experiencia, hay que vivirla completa. Asumirlo, es entender que las situaciones toman su curso, que hay un antes y después, causa y efecto, y que lo que sucede, también pasará. 
  • Pocos remedios en la vida, como un abrazo. A veces, es sólo lo que se necesita.

Seguiría, pero temo que se llenaría de ideas repetidas sobre la felicidad, la trascendencia y ese tipo de conceptos que se ven en libros de autoayuda que, por supuesto, “nadie lee” (¿verdad?). Creo que ese sería mi último punto: se habla de los clichés como mecanismo para estereotipar una situación de la que decimos estar exentos – “yo no soy así, a mí eso no me va a pasar… porque cómo lo sé, lo puedo evitar”. Hasta que pasa. Y nos damos cuenta que aquello que habíamos leído y visto en otros, es real. ¿Mi cliché personal? La belleza, bajo el entendimiento que se tiene realmente, cuando desde adentro se genera.

Como todos los años, agradezco los buenos pensamientos que echen al aire para que cada cumpleaños sea mejor que el anterior; y en este en particular, para que la transición traiga lo que espero. Prometo regresarles los mismos deseos cuando sea su turno.

*Me tomó más de dos meses escribir este post. Una disculpa para quienes esperaban una actualización previa, pero sin sacar este pan del horno, lo demás carecía de sentido. 

En el año del buey, los perros hacemos fiesta! (II)

A 15 días de cumplir 27 y luego de cuatro meses de haber escrito el post que lleva el mismo nombre, es momento de recapitular y hacerle justicia a aquel que me auguró un buen año y que por diferentes razones no le creí. Los podría aburrir contándoles todo lo que ha pasado desde octubre hasta ahora, pero creo que hay mejores maneras de aprovechar el espacio, escribiendo sobre lo que he aprendido teniendo 26:

  • No hay plazo que no se venza- independientemente si el tiempo lo defines tú u otro.
  • Entre el #maldevereda y el #cybercrush… hay que escoger el primero, sobre todo si tiendes a ilusionarte rápidamente.  A eso, hay que sumarle la frase de abuelita  de “obras son amores y no buenas razones” para que, entonces, tenga sentido.
  • El hambre, la desesperación, la felicidad extrema y la soledad son muy malas consejeras. Toda decisión importante debe repasarse con los sentimientos decantados.
  • El minuto no se acaba, hasta que se vaya el último segundo- ¿Quién era yo para decir que el camino de rosas prometido nunca llegaría?
  • Puedes -y debes- hacer planes en la vida… siendo consciente que difícilmente se cumplirán al pie de la letra. Lo importante es ser flexible para cambiar de rumbo cuando se requiera y tener los ojos bien abiertos para aprovechar lo que se presente.
  • La mejor terapia siempre será bailar – sin importar que tan bien o mal lo hagas. Ah! y reirte, fuerte y escandalósamente, también funciona.

Por último, y para todos los que creen que no vale la pena: es deber con uno mismo celebrar el año nuevo personal; porque es la única forma de validar los 365 días que ya pasaron y comprometerse a que los próximos valdrán la pena. 

Así que si se acuerdan de este post el 2 de octubre, pasen a saludar y echen un buen pensamiento al aire, para que los años que me queden sean tan increibles como el que acaba de pasar. Prometo agradecer y regresarles la buena fortuna, cuando llegue su momento.