Extranjera

La dicotomía de ser de aquí y también de allá la abracé cuando asumí que lo que más me gusta en la vida es ser extranjera. Me la pasaba horas diciendo que no era una bogotana como las que se encuentran en la ciudad y definitivamente se nota que tampoco soy mexicana, por más que el acento haya cambiado.

En esta contradicción de lo que soy y en donde vivo, de cómo me criaron y lo que decidí ser, le encontré un sabor dulce y aparentemente único a la libertad de escoger lo que me gusta de cada uno de estos lugares y hacerlos mios. Eso me da derecho a mirar con ojos críticos a los colombianos y sus actitudes o a opinar sobre la política mexicana; de la misma manera con la que escucho sus himnos y me emocionan hasta el alma.

Así que con esto, sentada en un aeropuerto y después de muchos meses de no pisar Bogotá, dejaré de angustiarme por definir mi personalidad según la localización geográfica y crearé clichés propios para reemplazarlos por los que ya me sé; olvidaré lo que debió ser y lo que supuestamente me estoy perdiendo. Entenderé que el mundo es todavía muy grande – así digamos lo contrario- para aceptar una sola forma de ser.

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Cuando puedes.

La mitología y los cuentos infantiles están llenos de situaciones en las que el/la protagonista puede llegar a ser o tener todo lo que quiere, sin ningún tipo de restricción o prueba. Me refiero a historias como las de Aladino y la lámpara mágica (pide tres deseos y se te concederán) o al Rey Midas y el oro; que mágicamente -valga la intención- desatan conversaciones triviales sobre qué pediríamos si estuviéramos en su lugar. El típico what if…

No quiero sonar como un libro de autoayuda, por lo que dejaré de lado el hecho de las consecuencias de estos personajes y me enfocaré únicamente en el deseo: ¿Qué serías si pudieras? Si esta pregunta te remite específicamente a una profesión (de chiquita quería ser profesora), adelántate unos años y piensa en el ahora. Si todo se te fuera otorgado, ¿Qué clase de persona serías?

Tengo que confesar que si tuviera algunos -muchos- kilos menos encima en este cuerpo, mi gusto no sería el mismo. Las faldas serían cortísimas y estoy segura que mi estilo podría rayar en la desfachatez. De la moda, lo que acomoda, y por ahora lo clásico casa bien. Lo curioso es que cuando veo a una mujer con ese vestido -que probablemente me pondría de ser quién pudiera ser– lo primero que me sale es una crítica. ¡Yo podría ser ella, caminando por la calle, como si nada importara! Sólo que no lo soy y pienso que  mi estilo conservador se debe al buen gusto, al “me educaron bien” y no a las circunstancias. Entonces, ¿sería igual si lo tuviera todo?

Dejo de lado el tema del peso, porque es una opción: ejercicio + dieta + cambio en el estilo de vida + dormir (etc etc etc) y llego a la meta. Listo. ¿Qué pasa cuando hay otros elementos con más rango de acción como el poder? Entonces llega la famosa frase, “el poder, ¿para qué?” Pues para poder, responderían muchos. Y sí, para ser aquel que en el fondo muere por salir y mostrarse. ¿Quién dice que seríamos políticos honestos, cadeneros sin una necesidad infinita porque nos rueguen en la puerta, líderes justos, jefes comprensivos o ricos generosos? En teoría, todos diríamos que sí, porque es lo que debemos decir. En la práctica, pienso que el poder es el catalizador de lo que verdaderamente somos, queremos y sentimos y que en el momento en que tengamos la posibilidad, mostraremos de lo que estamos hechos.

Si son generosos con lo que tienen, justos en medida, comprensivos con los demás y no tienen necesidad de marcar su territorio engreidamente, dense por bien servidos. Cruzaré los dedos para que alguno de ustedes sea el que se encuentre la lámpara mágica y evite la pesadilla de que alguien más sea quien quiso, haciendo que los demás pagaran las consecuencias.

Y (o i griega, como prefieran!)

(De las cosas opuestas que me da por pensar cuando tengo tiempo libre):

¿Me rijo por la lista con las características del hombre ideal (no perfecto) o dejo que el camino me sorprenda?

¿Hago planes para el 2011 o confío en que si aprovecho cada día, ellos mismos me marcaran la línea a seguir?

¿Me estreso por lo que no ha sucedido o lo dejo pasar asumiendo que no es su momento?

¿Persigo los sueños de grandeza que cargo desde los 10 años o me conformo con hacer una sola cosa pequeña a la vez?

Sí, parece que cuando no estoy ocupada, sale la adolescente a molestar con las ambivalencias; confirmando que soy más cuadriculada y estructurada de lo que realmente acepto.

Entonces, dos segundos después, entiendo que no es precisamente esa, la de 16, la que habla; sino la de 28, aquella que finge diciendo que a nada ni nadie le ha dado el poder para afectarla y que por ende no ha cambiado. La de 16 hubiera entendido perfecto el Wu Wei en una conversación casual, la de 28 tuvo que ir un fin de semana a meditarlo y todavía duda que eso pueda ser posible.

En fin, me imagino que eso es lo que representa la balanza de los Libra… indecisión y duda, nunca equilibrio.

El pan en la puerta del horno

¿Cuáles son sus áreas de oportunidad? (Pfff, ¡hablemos de defectos!)

Carezco de definición. Si alguna vez pensaron que los Libra nos identificábamos por el equilibrio, están muy equivocados; la duda es la única constante y estar entre opuestos es cosa de todos los días. Un día amamos algo, al otro día no lo podemos ni ver. Eso sí, todo es apasionado, emocional, intenso. La felicidad sube como cohete y la decepción nos pega contra el piso.

Además, para cada posibilidad siempre hay un camino qué pensar; la visualización es algo que se nos da naturalmente. No sé si todos, pero yo soy como La Lecherita; esa niña que iba caminando con la tinaja de leche fresca para vender en el pueblo mientras pensaba en la plata que ganaría ese día. En su línea de pensamiento, compraría unos huevos, para esperar a que se convirtieran en pollos; venderlos para tener un marrano e intercambiarlo con…. hasta que tropezó con una piedra, haciendo que la tinaja cayera al suelo y se rompiera.

Sí, los cuentos infantiles me mostraron que los panes se queman en la puerta del horno y con todo y eso, no he aprendido a enfocarme en lo que pasa en el momento y no en soñar sobre situaciones que son sólo una posibilidad.

-Sépalo muy bien, qué mientras que usted me hace esta pregunta, yo ya he tenido unas tres posibilidades diferentes de respuesta y sus respectivas consecuencias… ¿de verdad quiere saberlo? Porque todavía no decido cuál de todas darle… eso sí, ya vi como usted salía contenta de esta sala y yo lograba lo que quería.